En estos días, además del aspecto ideológico, los gobiernos de Zapatero en España, y de Bachelet en Chile, coinciden en un mismo problema: el transporte colectivo.
Mientras en Barcelona, la operación de los trenes de cercanías (RENFE) ha sido suspendida de manera inesperada, como consecuencia de los problemas surgidos por los trabajos de instalación de las vías del tren de alta velocidad (AVE), en Chile van nueve meses de pesadillas para los santiaguinos, debido a las deficiencias del Transantiago, el plan que prometía modernizar el transporte colectivo en la ciudad, y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, que terminó generando todo lo contrario.
Si bien es cierto hay una diferencia importante en términos de la “propiedad” (en el caso español, el transporte es “público”, en el amplio sentido de la palabra y en el chileno los operadores y la administración es privada, quedando el Estado únicamente como ente regulador), las consecuencias políticas pueden ser bastante similares.
En Chile, la popularidad de la presidenta ha ido en picada. Más allá de los distintas explicaciones que los analistas ofrecen para este fenómeno, hay coincidencia en que el Transantiago ha sido el factor más significativo en este ámbito. Este asunto tiene un rasgo añadido que lo hace particularmente especial. A diferencia de otras “crisis” que son agudas y a las que se puede responder de manera bastante efectiva echando mano a teorías al respecto y al know how gubernamental, el Transantiago se ha transformado en una alteración “crónica” que viene desgastando día a día, desde febrero, al gobierno. De no lograr una solución definitiva al problema, esta baja popularidad se traducirá probablemente en un alto costo electoral en las elecciones municipales de octubre del 2008, especialmente en la Región Metropolitana (la capital del país).
En España, en tanto, estamos ad portas de las elecciones generales. Mientras los candidatos ya están en campaña (no oficial), el problema RENFE viene a ser una gran piedra en el zapato para el gobierno de Zapatero. La molestia ciudadana ha sido enorme. Muchas más horas que las habituales para transportarse, atochamientos, descoordinaciones, y errores comunicacionales del gobierno, han sido una combinación terrible. En este caso es importante considerar que el PSOE, para lograr la reelección necesita la movilización de su electorado. Requiere que vayan a votar. Cataluña, por su importancia, por su volumen, y por su votación tradicionalmente de izquierda, es clave en ello. La molestia ciudadana por el problema de transporte puede generar la desmovilización del electorado PSOE, como manifestación de castigo al gobierno, lo que sería la situación ideal de la derecha. Esa es precisamente su apuesta.
En definitiva, más allá de la evolución de ambos casos (que esperamos se resuelvan favorablemente y pronto, en favor de las respectivas ciudadanías), su análisis nos permite ver cuan importante es para la gestión gubernamental, mantener un monitoreo permanente y eficaz de este tipo de asuntos. Ellos, que parecieran atañer más a las administraciones regionales o locales, por su trascendencia, (especialmente en grandes capitales) termina involucrando necesaria y políticamente al jefe de gobierno nacional. Se trata, finalmente, de asuntos cuya “normalidad”, cuyo “buen funcionamiento”, es transparente para los ciudadanos. Es parte del paisaje, y no se traduce significativamente en un mayor volumen de votos. Sin embargo, su ausencia, o la aparición de problemas -la pérdida de “transparencia” si se quiere- se traduce necesariamente en una baja en la adhesión y, en definitiva, en una merma electoral. Veremos más adelante si esta hipótesis se comprueba en las respectivas urnas.