Editorial: Imitación, Cultura y los Responsables del Pánico luego del Terremoto en Chile
Friday, March 5th, 2010Los responsables de los saqueos son primero que todo, las personas que sucumbieron al pánico, pero tanto y al mismo tiempo el Estado por su tardía reacción e incapacidad de nutrir de sentido a la sociedad ahí cuando más lo necesitaba, y finalmente también los medios de comunicación, por comunicar y nutrir sin criterio alguno el contexto de sin sentido de la tragedia.
Cultura e Imitación
El pánico es algo así como una profecía autocumplida… pero no es solamente eso. Como plantea el gran antropólogo francés René Girard, el hombre es un ser eminentemente imitativo: El niño imita los movimientos del padre para aprender a atar sus zapatos y repite de la profesora la voz de las vocales y la equivalencia de las tablas.
A su vez, el mercado, la bolsa y las especulaciones, también son fundamentalmente imitativas, y los inversionistas preferirán colocar su dinero al lado de un empresario exitoso en acciones de moda, antes que en empresas “empíricamente” valiosas. Yo tenía un amigo que me decía, “si Piñera pasa por acá corriendo y se tira por el balcón de cabeza, yo me tiro detrás de él, porque seguro que es un buen negocio”.
O por ejemplo, si en un concurso de televisión nos hacen votar por la modelo más linda, contra un premio para los votantes por la ganadora de 1 millón de pesos, seguramente que no votaremos por la que más nos gusta, sino que por la que creemos que más le va a gustar al resto.
Pero este comportamiento va más allá del aprendizaje o del mercado. Lo que pasa es que la propia cultura es fundamentalmente imitativa, por eso lo que es valioso para usted, también lo es para mí, y lo que usted desea, seguramente yo también lo desearía… (more…)

Me declaro uno más en la enorme lista de ignorantes con título que nos graduamos de las aulas universitarias en mi querido país. Pero gracias a mi afortunado recorrido por la educación pública y los buenos ejemplos de algunos amigos y maestros, soy capaz de distinguir entre aquellos lúcidos y eruditos intelectuales que nos iluminan de vez en cuando con sus sabias palabras y ácidos comentarios, de los manipuladores de cóctel que hurgan en su cartera las frases de salón que emplean para adornar la demagogia, o peor aun, para vestir de etiqueta sus deseos de poder e influencia.