“Los 4 Elementos y la Alquimia del Buen Gobierno”(*) por Tito Flores C.
Friday, June 1st, 2012(*) Publicado originalmente en Politika.cl
Parafraseando a los antiguos alquimistas, el buen gobierno es la quintaesencia resultante de la combinación de cuatro elementos fundamentales: conducción, coordinación, anticipación y comunicación. El buen gobierno contiene en sí, como quinto elemento, la potencia y el equilibrio de los otros cuatro. ¿En qué consiste cada uno de ellos?
Cuando hablamos de conducción, hablamos de liderazgo. El jefe de gobierno debe ser capaz de ofrecer a los ciudadanos/as una visión futura de país y a la vez, implementar las medidas necesarias, para que tal sentido de futuro sea compartido por ellos. No puede bastarle al gobernante operar con criterios de racionalidad instrumental. Debe apelar a la emocionalidad de sus gobernados. Debe hacerse cargo de construir y afianzar un sentido de nosotros que se ancla a la posibilidad de un futuro mejor para todos.
Como jefe gobierno, su responsabilidad pasa también por hacer sentir el peso de su timón en los diversos organismos que constituyen el poder Ejecutivo. Sin caer en personalismos o autocracias, el Presidente/a ha de ser capaz de constituirse en una figura de autoridad, tanto política como técnica. Y en esto su capacidad de construir equipos sólidos en el gabinete de ministros es esencial.
Los vacíos de conducción se pagan caro. Los jefes de gobierno ineptos no sólo pierden credibilidad sino que además su capacidad y jerarquía son fuertemente cuestionados. Los ciudadanos asumen en mayor o menor grado que el país queda a la deriva y que sólo gracias a la inercia gubernativa éste sale adelante.
¿Conocen la historia de la rana dentro de la cacerola que no se daba cuenta cómo el agua en la que estaba sumergida se calentaba cada vez más, hasta verse perdida en el sopor y finalmente en la muerte?
La ingenuidad es el error más frecuente que comenten las organizaciones al momento de efectuar el análisis de su entorno.
En Chile, durante los últimos meses el rescate del término “Republicano” o de “lo republicano” ha servido insistentemente al propósito de anteponer, tanto en el plano educacional como también en el de la política, una aún imprecisa aspiración de un modelo distinto al modelo liberal y economicista que tan fuertemente ha inspirado el sistema de educación chileno, y gran parte de la política pública, desde hace más de treinta años (la exigencia de la gratuidad y el fin del lucro en la educación superior van en esa dirección).





