El pasado 21 de mayo, la Presidenta Bachelet, anunció la creación de un programa de bibliotecas familiares. La medida, que busca mejorar los deficitarios niveles de comprensión lectora de niños y niñas “vulnerables” (el eufemismo no es mío), consiste en la entrega de un maletín literario a 400 mil familias, que contendrá libros de literatura chilena y universal. Avanzando en la implementación de la medida, esta semana el jurado de 13 notables dio a conocer la lista de títulos preseleccionados, de los que luego saldrá la nómina definitiva de textos. A partir de allí, vendrá el proceso de licitación y compra del material, y finalmente, la entrega a los futuros lectores.
Lo interesante en este caso, es la alternativa seleccionada para abordar la definición del problema (o “issue”). La hipótesis implícita pareciera decir que en la medida que existan libros en casa, aumentarán las probabilidades de que los niños y niñas lean. Algo así como “Si Mahoma no va a la montaña, será la montaña –en este caso la biblioteca- la que irá a casa de Mahoma”. Difícil. No imposible. Pero en este modelo causal, parecieran olvidarse los elementos no materiales, vinculados con la socialización, el aprendizaje o el mero gusto por sumergirse en la actividad lectora. Y aquello es un elemento de orden familiar difícil de soslayar. No se trata por favor, de que nos sumemos a la idea de un grupo de críticos de la medida, que plantean que los “pobres venderían los libros para obtener dinero”. Tal como dijo la Presidenta aquello es un verdadero insulto. De lo que se trata es que existe una alta probabilidad de que los libros se transformen en un mero objeto de ornamentación y que no contribuyan efectivamente a mejorar el aprendizaje buscado. Por otro lado, cabe preguntarse si este programa contempla realizar una coordinación estrecha con el sector educación (Ver post “El Entre Organizaciones” de Sebastián Claro), en orden a que los textos seleccionados finalmente, sean contemplados en los programas educativos como material de lectura “obligatoria”. Aquello incentivaría positivamente el uso de los nuevos libros por parte de los integrantes de las familias seleccionadas, especialmente de los niños y niñas en edad escolar.
Otra interrogante, cuya respuesta sería muy útil conocer si el gobierno maneja información al respecto, es saber si hay otras experiencias similares en el mundo y de haberlas, cuál es el resultado de su implementación. Este benchmarking sería muy útil para conocer evidencia al respecto (En la línea de lo planteado por Eduardo Engel)
Finalmente, sería extremadamente importante que fuera realizada una sistematización exhaustiva de la puesta en marcha de la medida, de manera tal que sea replicada y generalizada, en caso de un resultado positivo o bien, sea suspendida y reemplazada por otro tipo de programa que apunte al mismo objetivo, en caso que los resultados de mejoramiento de la comprensión lectora no sean alcanzados.