Una generación protagonista: El movimiento estudiantil en Chile (Por Iskra Pavez Soto)
Friday, July 22nd, 2011 
A pesar que la educación competitiva y de mercado ha primado por sobre la educación para la ciudadanía, la participación y la democracia, esta generación de estudiantes, a través de su opinión, su organización y su exigencia ética, nos enseña que la educación no es solo conocimientos y competencias, sino mucha audacia, esperanza y tesón.
Desde hace más de dos meses que la creciente y sostenida participación de niñas, niños y jóvenes en el actual movimiento estudiantil en Chile refresca, sorprende y gusta a la propia sociedad que le vio nacer. Gracias a esto, se ha generado un debate público sobre la educación de las actuales y futuras generaciones como uno de los principales tema-país. Y es que la educación no solo es el capital humano –base de la riqueza y el desarrollo de un país en la actual sociedad del conocimiento–; sino que además, la educación y las credenciales educativas son vistas como la principal llave que abrirá las puertas de la movilidad social, ya que promete la superación de la exclusión.
Según Qvortrup (1992), Gaitán (2006) y Liebel (2007), existen una serie de asuntos de interés público que afectan directa e indirectamente a la infancia y la juventud. Cuando, las niñas, los niños y jóvenes opinan, participan y se organizan para intentar incidir en algunos de estos aspectos que afectan sus vidas –como la educación– están demostrando su capacidad de ser “actores sociales”, es decir, protagonistas del mundo social. En el actual movimiento estudiantil, particularmente el sector secundario, podemos comprobar cómo se re-construye el concepto mismo de infancia y juventud que había imperado en la sociedad chilena, superando los viejos estereotipos del “no estar ni ahí” y perfilándose como una generación ciudadana comprometida de manera protagónica con los cambios políticos, sociales y culturales de la sociedad chilena.
Recordemos que la llamada “revolución pingüina” de mayo 2006, no solo hizo tambalear la popularidad de Michelle Bachelet, también logró la derogación de la Ley Orgánica Constitucional de Educación (LOCE) –uno de los íconos de la herencia de la dictadura militar de Pinochet–. Tras la salida del entonces Ministro de Educación, Martín Zilic, se creó un Consejo de Educación integrado por diversos actores que elaboró una Ley General de Educación (LGE), aprobada sin respaldo ciudadano. No obstante, los hechos actuales demuestran que no fue una verdadera solución al problema de la educación y la desigualdad que aún persisten en Chile.

El gobierno de Chile, a través del Ministerio respectivo, decidió impulsar de manera unilateral un instrumento que denominó el “
La propuesta de reforma de la educación primaria en el Reino Unido presentada esta semana, además de enfatizar en las áreas tradicionales de lenguaje, aritmética e historia, incluye una innovación extraordinaria: Busca que al terminar este nivel de enseñanza, los niños y niñas británicos sean capaces de utilizar las nuevas herramientas que ofrece internet como los blogs, los podcast, y por supuesto Wikipedia o Twitter.
Desde el punto de vista teórico, a nadie debería sorprender el alto grado de tensión y conflicto producido en torno a la reforma de la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE) en Chile. Se vivió en la “revolución pingüina”; dentro del Consejo Asesor Presidencial; en el proceso de negociación del acuerdo liderado por la ex-ministra Provoste; y, se vive hoy, en el trámite parlamentario y en las calles del país.
“Si esto hubiera pasado en el sector privado el señor Seremi estaría de patitas en la calle y nadie lo protegería”. Así expresaba su descontento una lectora del diario “La Tercera”, en Cartas al Director”, por la situación (escándalo) de las subvenciones en el Ministerio de Educación. Lo que está carta expresa es el sentir legítimo de la lectora, mas no reconoce la lógica de acción que hay detrás de la gestión pública, que es distinta de la lógica privada y que define la actuación de las autoridades y los funcionarios públicos. Más allá del traspaso de herramientas, modelos y conceptos de gestión que se han incorporado a lo público desde lo privado, las diferencias en los fundamentos persisten y se mantendrán.