Educación, Impuestos Y Sistema Electoral:Temas ineludibles para un cambio necesario (Por Sebastián Claro T.)

“Cambiar el modelo”. “Cambios estructurales al sistema”. “Fin al lucro en educación”.

Las anteriores son frases que han pasado a ser parte de nuestros paisajes cotidianos, sea que caminemos por la Alameda, marchemos en medio de masivas concurrencias, escuchemos la radio o haciendo una sobremesa en la cual el tema de los movimientos estudiantiles aparece como la continuación de casi cualquier hebra de conversación.

Y, si creemos en lo que cada vez más voces proclaman…. “llegó para quedarse”. 

En general, hay bastante acuerdo acerca de que la situación actual de nuestra sociedad debe cambiar. Se escucha, casi como un mantra, que la sociedad chilena es una de las más desiguales del mundo; tanto se escucha esa afirmación que, presumo, nos hemos acostumbrado a ella y muchos no la dimensionan en su “real” magnitud e implicancias.

Se debe realizar un cambio, pero, ¿cuál?, ¿en qué profundidad?, ¿qué se debe cambiar?

Hay quienes sostienen que los cambios deben ser profundos, pero temen que el sistema se desestabilice; fundamentando los argumentos en experiencias pasadas sostienen que si se cala muy hondo se puede llegar al “caos” social y eso implica un alto riesgo de que la “aventura” termine mal. Entonces, se debe ser moderado. Otros, señalan que éste es un buen sistema, sólo que debe ser “perfeccionado”.

A quienes señalan que el cambio debe ser de fondo, “cambiar el modelo”, se les emplaza a que se manifiesten acerca de cuál es el cambio esperado y, cuáles son las garantías de que eso será mejor que lo actual; mejor aún, si se señala dónde, en qué país, se da ese modelo.

Por mi parte, sí temo en la desestabilización del sistema; eso puede llevarnos a una situación peor que la actual; eso, dado que, ante dicha situación, lo que tiende a ocurrir “naturalmente” es que se busque re-estabilizar el sistema. Ello, en este modelo, como se vio en la crisis de las hipotecas subprime, se hace protegiendo a quienes poseen las fortunas, siendo que son ellos quienes le dan “estabilidad” al sistema. Como contraparte, también afirmo que el sistema se debe “transformar” y no sólo “perfeccionar”.

¿Cómo avanzar? Teniendo en cuenta, primero, que los fenómenos sociales no son todo lo predecibles como algunos quisieran. Eso no da alternativa, acerca de que siempre habrá una cuota de incertidumbre, más aún, cuando lo que se propone es un cambio profundo. Pero, ¿es eso una razón suficiente para no realizar cambios profundos? ¿Qué pasaría si, no siendo profundos los cambios, el estado de las cosas siempre vuelve a su “estado de equilibrio”, o sea, al “estado actual de las cosas”? Valga como alegoría “La Granja de los Animales”, escrito para denunciar al régimen estalinista, pero igualmente ilustrativo ante cualquier situación en que permanece lo mismo, aunque cambien los actores o algunos asuntos más bien cosméticos.

Asumir cierta incertidumbre no equivale a un gesto social suicida, ni irresponsabilidad, ni anarquía, ni desesperación. Se puede asumir como un hecho ineludible y, entonces, buscar provocar el mejor porvenir, atento a lo que ese margen de incertidumbre va descubriendo.

¿Cómo avanzar? De acuerdo con que sea lo menos “radical” posible; pero no puede ser menos que lo necesario para provocar otro equilibrio, otro estado de las cosas, una situación en la cual no se reproduzca aquello que hoy se denuncia. ¿Qué supone eso, hoy día?… cambios profundos en el sistema educativo, en los impuestos y en el sistema electoral. Y la salud?, el transporte?, la vivienda?, la modernización del estado?; todo ello es muy importante, pero si de concentrar esfuerzos se trata, en vistas de un cambio sustantivo y perdurable, abordar los tres ámbitos señalados es irrenunciable.

Sobre el sistema electoral. Por cierto que el sistema binominal debe ser cambiado, dado que provoca la sobre-representación de los dos grandes bloques políticos, la no representación de minorías y promueve alianzas puramente instrumentales para obtener votos. Pero, también, y quizás más sustantivo, es cambiar la regulación de las campañas políticas; mientras haya posibilidad de que los privados financien con montos importantes estas campañas, ya sea por ley o por el vacío de la ley, mientras se vote por candidatos sin saber qué proponen y sin un debido seguimiento respecto del cumplimiento de lo comprometido, la democracia estará sometida a las leyes del mercado y la mano invisible será la mano visible de quienes con sus fortunas defienden y nutren sus fortunas. Esto conlleva un sinnúmero de vicios y puede explicar, en parte, lo que se denuncia con justa razón, acerca de un estado que está lejos de funcionar como se espera (algo que, sea dicho de paso, es de interés de quienes tienen más recursos; el estado, para ellos, suele ser más bien un estorbo cuando no se dedica a dar las “libertades” que requieren para seguir siendo los “buenos empresarios” de siempre).

Sobre los impuestos. Para que se aseguren ciertas prestaciones de calidad, se puede confiar en el estado y/o en los privados. Por su parte, no se trata de que los privados sean “malos”, “egoístas”, pero lo cierto es que suelen tener motivaciones, legítimas, de lucrar con lo que hacen (al menos, es un argumento que he escuchado repetidas veces, en el último tiempo, para justificar que no se debe terminar el lucro en aquellos establecimientos educacionales con co-financiamiento del estado). Estando de acuerdo con que lucrar no es “malo” per-sé, sí declara otras motivaciones, distintas al desarrollo de una prestación de calidad. Por su parte, el Estado, como organización, no puede tener fines de lucro (aunque pueden haber y los ha habido, personas que se enriquecen comiendo de las costillas del estado); su único interés declarado, es el bien de la sociedad. Eso, por cierto, por burocracias y otros, puede quedar sólo en vanas declaraciones de intención. Para que eso no suceda, se necesitan recursos que permitan financiar un sistema que dé la buena prestación. Se dirá que eso se ha intentado, pero que el Estado no ha sido capaz de hacerlo bien y la plata se malgasta. Digo, hay que volver a intentarlo; sólo un organismo que tiene como propósito el bien social logrará aportar en dicho bien. Los privados, por razones que no se pueden detallar acá, más allá de sus buenas intenciones, difícilmente se ocuparán de aquellas personas con más dificultades, más “costosas” (en lo que se refiere a educación y salud); el sistema educativo y su segregación evidenciada en varios estudios, es un ejemplo de ello. Por esta razón, el Estado necesita recursos y son los impuestos uno de los principales mecanismos para obtenerlos. Habría mucho más que señalar a este respecto, pero valga lo dicho para esbozar una postura general.

Sobre la educación. Aquí nos adentramos en un ámbito aun más complejo que los anteriores, partiendo por la multiplicidad de posturas que se asumen a propósito de lo que se entiende por una buena educación. Por eso mismo, resulta tan importante cómo se concibe la educación, cuál es su dinámica, qué valores la sustentan, si es inclusiva o no, qué concepción de ser humano y de sociedad humana sustenta su desarrollo. En la educación, la sociedad responde, sin poder renunciar a la complejidad de las sociedades humanas, acerca de las preguntas que son más sustantivas para el desenvolvimiento del “alma” de la sociedad… por eso, las respuestas que da, tienen una influencia decisiva en la dignidad de lo humano, en el ser-siendo de lo humano que se manifiesta en la sociedad. Entonces, de todas las funciones que una sociedad asume para con los seres humanos que participan de ella, el de educar es aquel donde se expone más radicalmente, donde muestra sus entrañas. Esto, valga decir, no se reduce al sistema educativo propiamente tal; también es lo que se hace en cultura, los medios de comunicación y tanto más. Pero, al menos, si de priorizar se trata, el tema del sistema educativo es ineludible al momento de proponerse una transformación de la sociedad que se proyecte y de lugar a un nuevo estado de las cosas.

¿Cómo abordar estos ámbitos? Sólo será posible, en tanto se sustente en un movimiento social fundado en motivaciones transparentes, en concepciones colectivas, un movimiento que descubra dinámicas virtuosas que favorezcan el liderazgo de quienes encarnan las convicciones del movimiento y no de quienes se marean con sus ambiciones de poder; será posible si la incertidumbre de todo movimiento social, da lugar para el asombro, para descubrir que nuestra sociedad guarda en la penumbra, a veces en noche muy oscura, un Nosotros, un ser en sociedad que espera manifestarse, otorgando dignidad a lo humano. Será posible si hoy día, mañana, pasado mañana, nos levantamos y vivimos convencidos de que es posible… y actuamos en consecuencia.

Imagen: M.C. Escher. En:  http://diseno2-analaurapoloniobonilla.blogspot.com/2010/08/investigacion-escher.html

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