Dirigentes Estudiantiles en Tolerancia Cero: Honrados Sean, Aunque sin Beaterías (Por Sebastián Claro T.)

Asombroso. El domingo apagué la tele contento. Finalizaba el segundo bloque de Tolerancia Cero, donde habían sido invitados dos dirigentes estudiantiles.Eso, aunque hace unas semanas había concordado con el rector Carlos Peña, quien se refería en una columna de diario, acerca de los riesgos de “la nueva beatería” (El Mercurio, 21 de agosto de 2011); ahí señalaba lo preocupante de la actitud de políticos, profesores y otros, de profesar un culto a los actuales dirigentes estudiantiles.

Antes de señalar lo que me asombró, valga proponer una perspectiva para descubrir a los dirigentes que aparecen en los medios de comunicación. Su liderazgo, su comportamiento, sólo es posible, por lo que un colectivo y una historia, hace posible. Con ello, no resto méritos personales a quienes aparecen liderando el movimiento estudiantil. Es más, creo que eso los dignifica, los hace ser parte y no estar aparte, de un grupo de seres humanos que sueñan, se respetan y se cuidan.

Alrededor de la mesa, tres panelista adultos y dos entrevistados jóvenes, uno frente al otro. Primero, me llamó la atención el respeto que se tenían estos últimos. Cada cual tomaba la palabra pausadamente, sin quitarle protagonismo al otro. Las palabras de cada cual, parecían formar parte de un mismo discurso, sin por eso, dejarse de reconocer sus individualidades. Esto recordaba a los voceros del Movimiento Pingüino; cómo no asombrarse del compromiso que se traslucía, acerca de ser voz de un colectivo; rara vez, alguno de ellos “se arrancó con los tarros”. Esta postura contrastaba con la irreconocible ansiedad de dos, especialmente uno, de los panelistas, que interrumpía(n) constantemente, como si no fueran ellos los que tienen domingo tras domingo la oportunidad de compartir sus puntos de vista.

En segundo lugar, destaco la dignidad de la postura. Esto se reflejó, al menos, en dos sucesos. Uno de ellos, cuando un dirigente hizo ver lo impropio de la presión que hizo un panelista para que el otro de los dirigentes reconociera que no estaba haciendo un “sacrificio” personal. Con ello, al menos en mi interpretación, se afirmaba que el ataque a cualquiera de ellos, era un ataque al movimiento (quizás sea una interpretación exagerada, pero no creo errar en la dirección de la misma). El segundo suceso fue cuando se les interpeló acerca de la posibilidad respecto de querer “pasar a la historia”. Esto no fue directamente respondido por los estudiantes; mi impresión es que simplemente no les hizo sentido la interpelación (si no, al menos hubieran balbuceado una defensa).

Y, lo más sustantivo: la dignidad de la demanda. Ante la pregunta acerca de qué se buscaba, uno de los dirigentes señaló que no era “becas más, becas menos”, “intereses más, intereses menos”, sino un cambio estructural del sistema; el otro dirigente, señaló que muchos de los que participaban de este movimiento sabían que la mayoría de los beneficios no serían para ellos. Esto motivó a uno de los panelistas a dirigirse a los “padres de Chile” destacando que “estos” estudiantes, en realidad no estaban luchando por una educación mejor para sus hijos (sino, para el futuro)… plop! Valga recordar que el mismo panelista se arrepentía algunos programas atrás por haberle preguntado al entonces Ministro de Educación acerca de su “inversión” en la Universidad del Desarrollo. Será que, así como el Ministro terminó siendo removido (difícil saber cuánto habrá influido esta pregunta), ahora el panelista quería equiparar las cosas y, a través de su poder, quería “acabar” al movimiento estudiantil?

Señalo más sobre las demandas manifestadas por los dirigentes. A diferencia de lo interpretado por el panelista, me quedó claro que sí se está luchando por una mejor educación ahora, pero, reconociendo que el sistema se demorará en ofrecer oportunidades significativamente mejores a quienes hoy están desfavorecidos; por eso, es muy legítimo que señalen que los principales beneficiados habrían de ser los que aún no ingresan al sistema educativo o que están en sus primeros años. Por otro lado, ante otra acusación que se les hace respecto de, supuestamente, no querer dialogar, cuando lo que solicitan son condiciones para el diálogo, es francamente un abuso. Más aun, cuando la historia reciente da testimonio de que las Mesas de Diálogo, las Comisiones, y tantos artilugios encargados de hacer los cambios, pueden muy probablemente terminar en documentos extensos, apretones de manos y… la función debe continuar, tal cual.

Hoy en día, las palabras, las declaraciones, corren un mayor peligro de ser “llevadas por el viento”. Cuesta mucho creer que las promesas de políticos, dirigentes y otros, se cumplan. Ante eso, cabe la posibilidad de convertirse en un pesimista-con-fundamentos. Pero, nadie obliga a eso. Para evitarlo, eso sí, se hace necesario reconocer fenómenos asociados a las palabras, que permitan darle mayor o menor credibilidad a lo que se dice. Lo expuesto acerca de los dirigentes estudiantiles, para mí, fundamenta la creencia que tengo en ellos. E insisto, mucho mérito le otorgo a las personas de Camila Vallejos y Giorgio Jackson, quienes fueron los invitados a Tolerancia Cero; pero, dado ese mérito, les creo cuando se muestran cómo representantes de un colectivo, de un movimiento, de una voluntad, que es la protagonista de esta historia.

Fotografía: Diario El Mostrador

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