¿Qué se anuncia cuando se anuncia que es una prioridad derrotar la Pobreza? (Por Sebastián Claro Tagle)

En el discurso del 21 de mayo de 2010, el Presidente de la República mencionó seis veces la frase: “derrotar la pobreza”. Esto puede no sorprender; hemos escuchado en numerosas oportunidades a los Presidentes de Chile, políticos, empresarios, presidentes de otros países(1), miembros de organizaciones internacionales, entre otros, afirmar lo mismo.

Eso sí, tomando en consideración el patrimonio millonario del actual presidente, esa afirmación puede resultar algo más llamativa. Según la Revista Forbes, el capital estimado de Sebastián Piñera, el año 2010, alcanzó los 2.200 millones de dólares. Eso corresponde a $1.091.200.000.000 (dólar a $496). Dichos recursos equivalen a lo que 528.682 personas que ganan el sueldo mínimo ($172.000), obtendrán en un año. Realizo este ejercicio sólo para cuantificar con datos más o menos “manejables” la fortuna del Presidente de Chile.

No pretendo plantear si esto es justo o no; tampoco, si Sebastián Piñera ha tenido un comportamiento ético o no; sólo me pregunto, acerca de qué significa que un ser humano, millonario, anuncie su voluntad de “derrotar la pobreza”.

Desde mi perspectiva, esto es una aberración. Insisto, no estoy planteando un asunto de justicia ni de ética; el planteamiento es anterior a eso, me parece simplemente aberrante la posibilidad que existe hoy día de que un ser humano que posee tal cantidad de recursos anuncie, desde su sitial de Presidente de la República, que es una de las prioridades de su gobierno el derrotar la pobreza. Con ello, no estoy señalando que la actitud del Presidente sea aberrante, estoy señalando más bien, que es aberrante la sociedad donde algo así es posible.

Es aberrante que un ser humano pueda declarar sus buenas intenciones y su voluntad de cambiar un problema, siendo que está ubicado en el “polo opuesto” de dicho problema, “polo opuesto” que hace posible la existencia de la pobreza; eso, porque dicho problema implica a la riqueza; no hay pobreza sin riqueza (en todo caso, habría otro fenómeno que podríamos denominar: escasez). Es aberrante, porque ese ser humano, por su propia voluntad y esfuerzo, por sus propios desvelos y éxitos, se posicionó en dicho polo. Y, Con esto, no quiero señalar que aquellos que poseen un abultado patrimonio sean los causantes de la pobreza. Pero sí quiero señalar que la posesión por parte de unos pocos de un abultado patrimonio es parte del problema de la pobreza. Salvo que uno piense que esto se da por mandato divino o por factores “individuales”, la riqueza y la pobreza son dos polos de un mismo problema. El que a lo largo de sus vidas unos seres humanos lleguen a poseer una cantidad de recursos tan superior a la de otros seres humanos, es algo que está íntimamente relacionado, lo uno hace posible lo otro (ello, a través de la segregación de variados tipos, la educación (uno de los ámbitos donde vemos más dramáticamente el fenómeno de la segregación), los impuestos, la evasión de impuestos, la valoración de los trabajos, entre muchos otros factores).

Pero aberrante o no, lo cierto, es que en nuestra sociedad algo así puede suceder y sucede. El Presidente anunció la prioridad de su gobierno respecto de derrotar la pobreza en su discurso del 21 de mayo y lo ha anunciado en varias otras instancias. Además, muchos lo han repetido como un eco. Y, en el país, a propósito del bicentenario y otras circunstancias, pareciera ser el momento propicio para derrotar la pobreza.

Entonces, me pregunto qué se anuncia cuando se señala la voluntad de derrotar la pobreza. ¿Será que se quiere acabar con la escasez de recursos de quienes viven en situación de pobreza? Luchar contra ese problema igualmente parece ser muy loable y en los últimos 20 años ha sido una de las principales intenciones declaradas de quienes han gobernado nuestro país. Ello ha permitido que en dicho período haya disminuido la cantidad de personas en situación de pobreza (aunque, hoy día, se cuestione si eso ha sido sostenido durante todos los años).

Pero, a lo anterior, cabe agregar que a pesar de que hay menos personas en situación de pobreza siguen siendo millones quienes viven dicha situación(2). Además, en el mismo período, las personas en situación de riqueza han aumentado proporcionalmente más sus ganancias que los llamados pobres. Ante estos datos, cabe preguntarse, acerca de cuál es un problema mayor: ¿que unos no tengan los recursos necesarios para vivir dignamente o que otros, a pesar de lo que viven quienes viven la situación de pobreza, usan recursos para satisfacer necesidades que resultan superfluas comparadas con las necesidades básicas insatisfechas de otros (al menos: alimentación, abrigo, educación, salud)?

Identificar “aisladamente” lo primero, la pobreza (escasez) de unos, como el gran mal, como aquello que se debe derrotar, es mucho más conveniente y más “natural”, para quienes tienen “voz”, para quienes tienen mayor “poder” en nuestra sociedad (y, lo que puede preocupar más, también para muchos que no la tienen y viven en situación de pobreza). Es más conveniente dado que esa pobreza no se identifica con un sujeto responsable (aunque, los más arriesgados, señalan que la pobreza es fruto de la flojera, de las incapacidades, de la genética, de quienes viven dicha situación); por eso, se puede plantear derrotar la pobreza como quien plantea derrotar una plaga, los males de un terremoto, las penurias de la escasez u otro asunto que está más allá de la voluntad de los seres humanos y que su solución pasa, entre otros, por la generosidad de unos con otros.

Por el contrario, asumir que el problema involucra a quienes viven en situación de riqueza, lo que manteniendo el lenguaje dicotómico se podría señalar como “derrotar la riqueza” es incómodo. Significa asumir que no se trata sólo de que no haya personas que no posean los recursos para tener una “vida digna” sino, también, de que la sociedad, en su funcionamiento regular, no permita que surjan estas desigualdades. Y, sospecho que, si quienes viven dicha situación de riqueza reconocen cuán íntimamente involucrados están en el problema de la pobreza, lo que puede resultar inquietante es que nos podríamos dar cuenta de que es efectivamente posible derrotar la pobreza.

Me pregunto, entonces, si estos anuncios acerca de “derrotar la pobreza” ¿se orientan a terminar con la pobreza o, más bien, a mantener el estado de las cosas, es decir…seguir luchando por derrotar la pobreza?

Y, a propósito de la pregunta enunciada en el título, ¿cuándo se anuncia la voluntad de derrotar la pobreza, se busca acabar con el fenómeno social manifestado en la existencia de personas que viven en situación de pobreza mientras otros viven en situación de riqueza (y todos los estado intermedios) o, un fenómeno distinto, como es acabar con la escasez de recursos de algunos, independiente de la cantidad de recursos de otros? Y, si es esto segundo, ¿Es eso un fenómeno social, algo que viven las personas en una sociedad, o una abstracción, un constructo útil, por su simplicidad, para modelos económicos y para hacer anuncios políticos que nos cautiven?

Notas
(1) En el año 1961, J. F. Kennedy, cuando asumió la presidencia de los Estados Unidos, señaló en un discurso ya famoso que era necesaria una lucha contra los enemigos comunes del hombre: la tiranía, la pobreza, la enfermedad y la guerra misma.
(2) Según datos de CASEN publicados en julio de 2010, 2.564.032 chilenos viven en situación de pobreza y 634.328 viven en estado de indigencia.

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