La Política Pública y el Patrimonio de las Ideas (Por M. Ignacia Fernández G.*)
Mucho se ha discutido a propósito del discurso del recién pasado 21 de mayo acerca de la “paternidad” de las ideas tras la oferta programática realizada. Mientras que varios dirigentes concertacionistas vieron señales de evidente continuidad con los gobiernos precedentes, las declaraciones de Longueira acerca del predominio de ideas de derecha en las políticas públicas implementadas en el país durante los últimos 20 años terminaron por acallar las voces opositoras y abrir una nueva herida en las ya desangradas elites partidarias de la Concertación.
La provocación no es banal. ¿Se inspira nuestro sistema de protección social en ideas “progresistas”?, ¿contribuyen los mecanismos de concesiones a incrementar la equidad en el acceso a los bienes públicos?, ¿cuán “solidaria” o cuán reforzadora de la lógica de capitalización individual que inspiró la creación del sistema de AFP es la reciente reforma previsional? No es objeto de esta reflexión la respuesta a estas y otras preguntas relativas a la inspiración ideológica de nuestras políticas públicas. Sí lo es, en cambio, ahondar sobre un tema que comienza a aparecer cada vez más dentro de las preocupaciones de una parte de la centro-izquierda: la falta de debate público acerca de las ideas. La necesidad de sí transformar- de una vez por todas- estas y otras preguntas en objeto de profunda reflexión.
Y me atrevo a decir que no sólo falta debate público. Nos faltó también “debate privado”. Dejamos de discutir acerca del tipo de sociedad que queremos y nos fuimos convenciendo progresivamente de que las políticas públicas son “técnicas”, políticamente “neutras”, y que sus mejores o peores resultados están dados exclusivamente por la eficiencia y eficacia con que se implementan.
Pero ¿no es acaso el eficientismo también un paradigma ideológico? Nos equivocamos cuando decimos que la derecha llegó al gobierno sin ideas, pues el pragmatismo que orienta el discurso de “la nueva forma de gobernar” es más que una idea. Una ideología peligrosa. Es fácil caer en la trampa de hacer oposición desde la crítica a los problemas de gestión, el número de soluciones o la eficiencia en la ejecución del gasto. Pero está abierta la oportunidad de hacer oposición desde las ideas, de anteponer a los argumentos técnicos argumentos sustantivos, de discutir sobre la reforma tributaria que puede contribuir a corregir la desigual distribución de los ingresos, de reflexionar sobre las alternativas de extensión del postnatal y su impacto sobre la inclusión social de las mujeres, de estar alertas sobre la reforma al Ministerio de Planificación que se viene y reflexionar acerca del rol que le atribuimos a la política social en la consecución de una sociedad más justa, de argumentar ante la discusión de las “reformas políticas” acerca de la necesaria profundización democrática.
La pregunta es si tenemos la voluntad, los argumentos y la convicción necesaria para hacerlo. Si estamos dispuestos a aprovechar el espacio que ofrece el hecho de ser oposición, para discutir acerca de las ideas por las que creemos que Chile es un mejor país gobernado por la centro-izquierda; para pensar qué tipo de políticas públicas permiten llevar de mejor forma a la práctica esas ideas de equidad, inclusión, democratización y otras que, de no ser debatidas y puestas en práctica, corren el riesgo de perderse en un sinsentido de patrimonios cruzados: la derecha promoviendo la no discriminación de los jubilados a través de la eliminación gradual y progresiva del 7% y la oposición enfocada a custodiar la eficiencia, calidad y transparencia de la gestión pública que tanto nos costó construir. No se trata de desandar lo andado, ni de ser poco pragmáticos, sino de superar la hegemonía ideológica de la gestión y poner otras ideas al servicio de la política pública.
(*) Equipo Coordinador Generación Crítica
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Fotografía: Salvatore Vuono en freedigitalphotos.net