La Iniciativa UDI “Chile es una Familia” bajo la Lupa (Por Tito Flores Cáceres)

Según informa la edición de hoy de el diario El Mercurio y el sitio web de la Cámara Baja chilena (aún no está disponible públicamente el proyecto completo), un grupo de diputados UDI pretende establecer una política pública que contemple una serie de incentivos económicos a objeto de mantener la estructura tradicional de la familia chilena. La propuesta titulada “Chile es una familia” considera entre otras medidas: un bono de $100 mil por casarse (en caso de primer matrimonio); $500 mil por cumplir 50 años de matrimonio; $250 mil por 25 años; $100 mil por 10 años, más otros bonos adicionales por nacimiento de hijos.

Estemos de acuerdo o no con esta iniciativa, ella permite hacer tres reflexiones potencialmente interesantes para quien guste del análisis de las políticas públicas.

En primer lugar, es un claro ejemplo en contra para quien pretenda insistir en que las políticas públicas son instrumentos meramente técnicos. Lejos de ser neutras o inocuas en lo valórico, toda idea de política está teñida de ideología. En su contenido y en su propuesta de cambio social (o no cambio en este caso) pueden verse con claridad determinados principios que guían a sus diseñadores. Así las cosas el tufillo conservador de esta iniciativa resulta indiscutible por más que quienes la han propuesto insistan en que no quieren excluir a otras conformaciones familiares existentes. En este mismo sentido por la mayor importancia relativa que los montos involucrados en los incentivos tendrían en relación a sus ingresos, uno podría suponer que esta iniciativa apunta como grupo objetivo a sectores sociales bajos y en menor medida a personas de ingresos medios. Por qué a ellos resulta ser una interrogante relevante. Desde un punto de vista marxista clásico alguien podría plantear que de esta manera se asegura la reproducción de la fuerza de trabajo al salvaguardar la entidad que por definición le brinda su protección lo que a la larga vendría a favorecer también a la élite que asegura con ello sus posiciones de privilegio y hegemonía económica y social. En versión amable se podría agregar además que con esta iniciativa este grupo de parlamentarios vienen a representar una moderna versión clásica de la clásica (y conservadora) figura chilena del “buen patrón” (de la Hacienda). Ese personaje que asume por inspiración religiosa la responsabilidad de mantener “como dios manda” a las personas “a su cargo”. Nada de “arrejuntamientos” ni “huachos”.  Todos casados por las dos leyes.

La segunda reflexión dice relación con la base epistemológica con la que ha sido elaborada la propuesta. El uso de la lógica incentivos/desincentivos en este caso nos pone claramente en el esquema propuesto por el rational choice según el cual lo único que buscan las personas con su actuar es maximizar beneficios y disminuir costos. Pero como dice Amartya Sen, el homo economicus (el concepto de ser humano a la base de esta lógica de comprensión) es un imbécil social. Con esta dura expresión hace referencia a que este esquema de análisis aunque útil en muchos casos, deja de lado complejidades importantes que tallan sobre los fenómenos políticos y sociales que escapan de una mirada exclusivamente racional.

Finalmente y desde el enfoque del lenguaje para el estudio de las políticas públicas es pertinente detenerse en la idea que propondría esta iniciativa de crear un “Ministerio de la Familia”. Aquello, aun cuando puede sonar interesante, en su denominación connota un reduccionismo peligroso acerca de lo que se entenderá por familia. Si la idea es fortalecer lo que constitucionalmente es definido como “el núcleo fundamental de la sociedad” la institución que asuma tal misión debe ser lo suficientemente amplia como para albergar las diferentes formas de familia que a estas alturas del siglo XXI son parte de la sociedad chilena. Un error inmenso sería querer homogeneizar “desde arriba” inspirado en enfoques centrados en el “deber ser” que a la larga terminarían conculcando derechos y afectando negativamente la diversidad de expresiones que asume en la realidad el concepto de familia. Por lo mismo esta nueva entidad que se propone crear debería llamarse “Ministerio de las Familias” y su objetivo más que establecido con criterios integristas (en el sentido religiosos del término) debería ser planteado con una mirada amplia, tolerante y respetuosa del bien colectivo.

Artículos anteriores de Tito Flores Cáceres

Volver a la Portada

Comments are closed.