Contigo o sin ti. La Oposición Chilena en Dilema (Por Tito Flores Cáceres)

El triunfo electoral de la derecha en Chile y la consiguiente llegada a la presidencia de la República de Sebastián Piñera, ha provocado intensos debates acerca del futuro de la Concertación. Dos son las tesis que desde el componente “izquierda” de esta coalición se han planteado al respecto hasta este momento. La primera habla de la necesidad de continuar con la estructura de la Concertación tal y como ha venido siendo hasta ahora, es decir, con la Democracia Cristiana (DC) por un lado y con el Partido Socialista (PS), el Partido Por la Democracia  (PPD) y el partido Radical Socialdemócrata (PRSD) por otro. La segunda tesis, señala en cambio la necesidad de reconfigurar el espectro político nacional, desvincularse de la DC y dar origen a un nuevo referente político “progresista” que además del PS, PPD y PRSD incluya a otras fuerzas políticas de Izquierda.

Esta suerte de “dilema” en la que estaría atascada la Concertación, especialmente su “ala izquierda”, amerita una reflexión.

La actual configuración del sistema de partidos existente en Chile deriva de cuatro cleavages o escisiones generativas (Lipset y Rokkan, 1967) que lo fueron configurando. La primera fue aquella que aglutinó a las fuerzas políticas en referencia a su opción por el predominio del centro (de la capital) o de la periferia (de las regiones); la segunda, la que enfrentó a los partidarios de mantener el vínculo Estado-Iglesia Católica y quienes eran partidarios de disolver tal nexo; la tercera, a comienzos del siglo XX, fue la que dio origen al aglutinamiento clásico entre fuerzas de Izquierda y fuerzas de Derecha derivadas de su cercanía con el trabajo y el capital respectivamente ; y la cuarta y última, la que organizó a los partidos en relación a su oposición o apoyo a la dictadura militar de Augusto Pinochet. Fue precisamente este último cleavage el que dio origen a la Concertación (y por ende a la “Alianza”)  y el que ha mantenido su vigencia como organizador de la vida política nacional durante los últimos veinte años.

Así las cosas, frente al dilema planteado cabe preguntarse si acaso este último eje articulador perdió vigencia. Si acaso los eventos políticos del último tiempo, especialmente la derrota en las presidenciales constituye un evento “cataclismico” de tal magnitud que lo podamos considerar u homologar al impacto que tienen los cleavages en el devenir político.

Desde mi punto de vista la derrota de la pasada elección presidencial aunque muy dolorosa es sólo una derrota y no alcanza a constituirse en un hecho con la potencia suficiente como para impulsar de manera “natural” una reorganización del sistema de partidos en Chile. Por lo tanto, la idea de gestar un bloque “progresista” que excluya a la DC viene a ser un intento forzado que responde más a consideraciones estratégicas o tácticas (e incluso a motivos de narcisismo personal) que a una lectura ponderada de la realidad política nacional.

En consecuencia, como muchos, pienso que el camino está en ampliar hacia la izquierda la coalición llamada Concertación manteniendo por supuesto a sus cuatro partidos base (DC, PS, PPD, PRSD). Y es que más que el regreso a los viejos “tres tercios” de la política chilena como pretenden algunos, cada vez más el sistema chileno ha de aproximarse a un “bipartidismo de coalición”.

No obstante lo anterior lo que si se requiere a mi juicio es una modificación de la hegemonía ideológica dentro de la Concertación. Si en los cuatro primeros gobiernos, la DC y las posturas liberales (por sobre las socialdemócratas) fueron las predominantes en la acción del gobierno de la Concertación, hoy los principios y valores que sustente deben inclinarse hacia la Izquierda. Y ello no solo por un simple movimiento de péndulo o porque sea necesario aplicar el criterio “si ayer te toco a ti hoy día me toca a mí”. Por el contrario, la necesidad de escorar a la izquierda el proyecto político CONCERTACIONISTA es por un lado, una necesidad estratégica para establecer un elemento visiblemente diferenciador del discurso centrista que pragmáticamente ha adoptado el actual gobierno pero por otro lado es sobre todo una necesidad que Chile y su gente tienen. La desigualdad social esa de la que dejamos de hablar hace tiempo porque molesta como una piedra en el zapato solo logrará  transformarse de verdad con medidas que apunten a elementos estructurales y aquello, al menos hasta ahora, sigue siendo uno de los componentes esenciales del pensamiento verdaderamente de IZQUIERDA.

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