Editorial: Imitación, Cultura y los Responsables del Pánico luego del Terremoto en Chile
Los responsables de los saqueos son primero que todo, las personas que sucumbieron al pánico, pero tanto y al mismo tiempo el Estado por su tardía reacción e incapacidad de nutrir de sentido a la sociedad ahí cuando más lo necesitaba, y finalmente también los medios de comunicación, por comunicar y nutrir sin criterio alguno el contexto de sin sentido de la tragedia.
Cultura e Imitación
El pánico es algo así como una profecía autocumplida… pero no es solamente eso. Como plantea el gran antropólogo francés René Girard, el hombre es un ser eminentemente imitativo: El niño imita los movimientos del padre para aprender a atar sus zapatos y repite de la profesora la voz de las vocales y la equivalencia de las tablas.
A su vez, el mercado, la bolsa y las especulaciones, también son fundamentalmente imitativas, y los inversionistas preferirán colocar su dinero al lado de un empresario exitoso en acciones de moda, antes que en empresas “empíricamente” valiosas. Yo tenía un amigo que me decía, “si Piñera pasa por acá corriendo y se tira por el balcón de cabeza, yo me tiro detrás de él, porque seguro que es un buen negocio”.
O por ejemplo, si en un concurso de televisión nos hacen votar por la modelo más linda, contra un premio para los votantes por la ganadora de 1 millón de pesos, seguramente que no votaremos por la que más nos gusta, sino que por la que creemos que más le va a gustar al resto.
Pero este comportamiento va más allá del aprendizaje o del mercado. Lo que pasa es que la propia cultura es fundamentalmente imitativa, por eso lo que es valioso para usted, también lo es para mí, y lo que usted desea, seguramente yo también lo desearía… claro, si y solo si no me hubiesen criado bajo el décimo mandamiento: “No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Deuteronomio 5:6-21) –eso es cultura-.
Si usted deseara simplemente lo que yo, seguramente terminaríamos boxeándonos los unos a los otros. Pero terminamos amándonos los unos a los otros, porque la cultura ha encontrado mecanismos para que deseemos ordenadamente y con sentido. Y así, en vez de que usted venga a robarme las papas que yo siembro, yo se las regalo primero, y luego usted me regala a cambio tomates, y así nace la reciprocidad (como plantean el antropólogo Mauss o el economista Dupuy), y entonces yo me preocupo de usted y usted de mi, y nace también la solidaridad.
Vale decir que el mercado, la reciprocidad y la cultura, encuentran todas en su corazón a la imitación.
¿Y en el pánico?
Pánico viene de Pan, que es el dios griego aquel, mitad hombre, mitad macho cabrío que tocaba esa flauta doble llamada flauta de pan -y que, como recordará la generación del 77’, clamaba diciendo “es Herc, es Herc”, en la serie animada del poderoso Hércules-
El dios Pan es el representante más ciudadano de la arcadia, un personaje modelo, pero al que todos temían porque en determinados momentos explotaba en súbita violencia, develando lo que demuestran las imágenes del post-terremoto en televisión: que la sociedad lleva en su corazón a la barbarie, a la horda salvaje.
Primero que todo, debemos entender que el pánico no tiene que ver con amenazas o tragedias externas a la sociedad, vale decir, no es causado por fenómenos naturales. Ni terremotos, ni maremotos ni caídas de meteoritos –como lo demuestran los centros de estudio que investigan las situaciones de catástrofe- producen pánico. Es más aún, el maremoto y el terremoto en Chile han develado más pasajes heroicos, que muestras de individualismo y pánico.
Vale decir que no es que el hombre es bueno y es la sociedad la que lo corrompe, tampoco es al revés, la barbarie no vive como un germen dentro de las personas. Todo lo contrario: Las personas no son ni buenas ni malas, las personas imitan.
El pánico no vive en la naturaleza ni en las personas. El pánico vive en el corazón de la sociedad, y emerge solamente cuando la personas reunidas enfrentan momentos de sin sentido, cuando no existen los canales cultural y socialmente consensuados para la buena imitación y por tanto para el deseo permitido. Vale decir, cuando las personas imitan el movimiento de la propia masa en movimiento.
Por eso, dice Dupuy, cuando la sociedad se descompone, es cuando esta actúa más como unidad que nunca. Si uno escapa para allá, todos escapan para allá, aunque para allá no esté la salida. Lo decía también Keynes, parafraseando, “en el mercado, si no sabes que hacer, sigue al resto”.
Entonces si en un contexto de desesperación y miedo, sin presencia del Estado, y sin saber que pasa ni hasta donde llega la tragedia, peor aún con una tragedia sobredimensionada por los pocos medios de comunicación con los que se cuenta, lo más probable es que cunda el pánico, y así fue en Chile después del terremoto.
Hay un “uno” que va caminando frente al supermercado, habrá también un “otro” que cree que ese “uno” va a entrar a robar, y entonces el “uno” ve al “otro” saqueando y hace lo mismo, y al rato no son dos, sino que son cientos, que ven ahora con prístina realidad, que si no van ahora a saquear, más rato se quedarán sin nada, y como el resto no quiere quedarse sin nada, imita el momento y el movimiento de sus vecinos y nace la horda.
O sea, en el pánico, que es ese momento de lo social donde se supone que los lazos sociales desaparecen, más que nunca, es cuando las personas se imitan entre sí y reaccionan desordenadamente como una unidad, como una única y fractal ameba social. Y lo que no era una crisis, ahora realmente lo es, y el desabastecimiento se transforma en real.
No había escasez, la gente robó, acaparó, y ahora hay escasez… entonces la gente dice, “menos mal que saqueamos, lo hice por mí familia, tenemos que sobrevivir”, y la violencia cobra sentido, y se descomponen los valores y el vínculo social.
El pánico entonces no es causado por el terremoto, es causado por los momentos de sin-sentido a los que la sociedad es sometida luego del terremoto, y a la corrupción valórica que se ve justificada por propias realidades autoconstruidas por la sociedad, que justifican sus comportamientos.
No tiene que ver con mala educación, ni con ser personas miserables: en otros países se han visto situaciones de pánico con madres querendonas abandonados hijos, con universitarios robándole a los pobres, y con médicos asesinando personas.
Entonces, a la hora de buscar a los responsables del pánico en las regiones del Biobío y el Maule, debemos encontrarlos entre los que estaban llamados a dotar de sentido el comportamiento de las personas.
Por eso es tan desastrosa la reacción tardía del Gobierno y la ONEMI. Si 2 horas después, frente a la destrucción de edificios, a los semáforos apagados, a la escasez de comida y agua, hubiesen estado el ejército y carabineros, las personas hubiesen entendido que el terremoto, destrozó lo material, pero no las pautas de conducta, no el sentido de lo social y hubiesen entendido que el Estado estaba ahí.
Si la gente no hubiese escuchado solamente la disposición al pánico (el sin sentido y solamente la tragedia y el morbo) en los noticieros durante 3 días seguidos, seguramente la gente no hubiese buscado modelos nuevos de imitación y por tanto no hubiese caído en el pánico.
Los responsables de los saqueos son primero que todo, las personas que sucumbieron al pánico, pero tanto y al mismo tiempo el Estado por su tardía reacción e incapacidad de nutrir de sentido a la sociedad ahí cuando más lo necesitaba, y finalmente también los medios de comunicación, por comunicar y nutrir sin criterio alguno el contexto de sin sentido de la tragedia. La responsabilidad es compartida, pero es grave.