Consuelo de Tontos o “Los Aprendizajes que nos deja el Terremoto” (Por Tito Flores C.)

Por más que lo intento no logro comprender la opinión a mi juicio liviana, según la cual el terremoto “nos dejará muchas lecciones en materia de protección civil y de manejo de crisis derivadas de catástrofes”.

Y es que en un país eminentemente sísmico por sus características tectónicas; que ha vivido en su historia reciente terremotos y tsunamis de gran envergadura; y, que ha sido testigo reciente de desastres provocados en otras latitudes por estos mismos eventos naturales,  las lecciones deberían haber estado más que aprendidas hace largo tiempo y por lo tanto el protocolo de actuación no sólo establecido, sino que además absolutamente engrasado para entrar a operar cuando fuese necesario.

Lamentablemente en estas materias, los errores de cálculo o las indecisiones por parte de los decisores públicos comportan costos en vidas humanas. Las muertes que se podrían haber evitado de haber dado la alerta de tsunami a tiempo es la muestra más patente del grado de improvisación con que se ha manejado esta crisis.

Del mismo modo la demora en el establecimiento del estado de excepción constitucional y por lo tanto la luz verde para que personal militar apoyara la labor de la policía en lo referido al aseguramiento del orden público es otra señal más en aquel sentido. Ni hablar de la lentitud con la que se tomó la decisión de enviar víveres a las zonas afectadas. La explicación de cierta autoridad competente que decía que había que tener listo el diagnóstico nacional antes de comenzar a enviar ayuda es francamente inaceptable.

El aspecto comunicacional precario. La regla Nº 1 del manejo de crisis plantea la necesidad de establecer una vocería única. En esta hemos visto al menos cinco o seis personeros de gobierno en aquel rol, (a lo que habría que sumarle la labor que ciertos privados, los dueños de los supermercados, asumieron en este sentido) sin que la opinión pública y sobre todo los afectados sepan cuál es la real. La designación del subsecretario del interior en estos menesteres, cinco días después del terremoto aparece frente a la fuerza de los hechos, a lo menos tardía.

No pretendo ser general después de la batalla ni buscar un chivo expiatorio que purgue las culpas, pero tampoco pienso renunciar al derecho de todo ciudadano de ejercer el accountability o la petición de cuentas a la autoridad gubernamental, que cobra especial relevancia en situaciones como esta. Bien por la empatía y la tristeza de los personeros de gobierno, pero aquello en lo que a políticas públicas respecta no basta, así como tampoco basta que nos conformemos creyendo que no importan los errores porque en una próxima vez no los volveremos a cometer. La calidad y la eficacia de un gobierno en particular y del  sector público en general no sólo se mide en el cumplimiento de metas rutinarias (tipo PMG), en verdad se mide en situaciones límites como esta en la que los aprendizajes sobran.

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