La Tesis de la “Transición al Desarrollo” (Por Tito Flores C.)
Las últimas declaraciones del presidente electo, así como la de sus principales asesores hacen pensar que la idea fuerza de al menos la primera etapa del gobierno de Sebastián Piñera será la “transición al desarrollo”. Lo interesante de esta idea es que imperceptiblemente se transformará en un “argumento para obligar” desde un punto de vista político y comunicacional, si la futura oposición no logra desarticular tal tesis.
La “transición al desarrollo” como concepto ya estaba plasmado en el programa de gobierno 2010-2014 de S. Piñera (p.8). Su vigencia post elecciones ha quedado refrendada tanto por los planteamientos de asesores cercanos al presidente electo que buscan homologar su futuro gobierno con el de Patricio Aylwin (1990-1994) como por los del propio Piñera (Véase por ejemplo su discurso del 28/10/2009 al renunciar a Renovación Nacional)
Ahora bien, la idea central de la tesis de la “transición al desarrollo” es que hoy Chile vive una segunda transición. La primera, la del paso del gobierno autoritario al democrático fue superada con éxito pero ya pertenece al pasado, pertenece a los gobiernos de la Concertación. La segunda transición, “la nueva, la joven” que se iniciaría con el gobierno del propio Sebastían Piñera corresponde a la transformación del “país de hoy en un Chile desarrollado y sin pobreza”. Se trata según las propias palabras del presidente electo de una “transición de futuro”.
Así las cosas, si la ciudadanía y la futura oposición terminan aceptando esta idea fuerza, este marco o frame como lo llamarían algunos, lo que viene hacia delante es un campo con un amplio margen de maniobra para el nuevo gobierno, porque ¿Quién se podría oponer a que Chile logre el desarrollo y elimine la pobreza?
Y es que la lógica argumental sería simple:
a) Si estamos en una transición hacia el desarrollo, tal y como en 1990, efectivamente se necesita reeditar la “democracia de los acuerdos” que tanto ha planteado el presidente electo como su futuro gobierno;
b) Todo aquel que no quiera la “democracia de los acuerdo”s en verdad no quiere el desarrollo de Chile. La futura oposición por lo tanto deberá estar abierta al diálogo y al consenso para mostrar su patriotismo:
c) Tal y como la transición política de los noventa, esta nueva transición requiere “sacrificios”. Se necesita que todos pongan de su parte para alcanzar el anhelado desarrollo. La flexibilidad laboral por ejemplo podría interpretarse como el aporte del mundo del trabajo a este objetivo nacional. Lo mismo la privatización de CODELCO. Se necesitan inversiones privadas para su modernización y por tanto para que mejore el aporte de la cuprífera al desarrollo nacional.
En definitiva la aceptación de la idea de la “transición al desarrollo” sería un nuevo éxito comunicacional y político de Sebastián Piñera y de su futuro gobierno. Constituiría una “Visión de País” de mediano plazo (Su programa de gobierno habla del 2018 como el real bicentenario de la independencia); justificaría la necesidad de sumar otros 4 años de gobierno de derecha para completar la tarea comprometida; y, pondría en jaque la capacidad de maniobra, de respuesta y de argumentación de la futura Oposición. ¡Touché!
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