Contra “los menores”. Uso y Abuso del Concepto de Minoridad en lo Público (Por Iskra Pavez)

Normalmente leemos en la prensa noticias referidas a niñas y niños donde se utiliza el concepto de “menor” como un sinónimo. Cuando se trata de hablar sobre las políticas públicas o las leyes dirigidas hacia la infancia, también algunas instituciones estatales lo utilizan para referirse a los sujetos que participan del colectivo infantil.

Según la Real Academia de la Lengua Española, la palabra “menor” tiene, entre otros, los siguientes significados: a) Pequeño. Que es inferior a otra cosa en cantidad, intensidad o calidad; b) Menos importante con relación a algo del mismo género; c) Dicho de una persona: Que tiene menos edad que otra; y d) Menor de edad. Es decir, la alusión a las niñas y niños como “menores de edad” es una categoría jurídica que designa ciertas obligaciones y derechos a las personas que se encuentren en determinadas edades. Por lo tanto, lo adecuado sería mencionar dicha minoridad cuando se hace referencia al plano jurídico, a los deberes y libertades que están juego en virtud de esta clasificación, tanto si es una crítica o una defensa a esta situación, pero no utilizarla como sinónimo.

En América Latina, el conocido especialista sobre leyes infantiles, Emilio García Méndez ha reflexionado sobre el término “menor”, que según él remite a la Doctrina de la Situación Irregular o el derecho penal del “menor” que considera a las niñas y los niños como “objetos carentes de protección” y no como sujetos de derechos de acuerdo a la Convención Internacional de los Derechos del Niño de la ONU de 1989. Cuando se trata de hablar de las desigualdades entre mujeres y hombres o la violencia que las afecta, algunos grupos feministas han logrado que se utilicen conceptos más adecuados como “violencia de género” o femicidio. De la misma manera se critica y propone que las temáticas referidas a la infancia hagan un uso conveniente del lenguaje con enfoque de derechos:

“El término menor, es un adjetivo utilizado por cierto periodismo para referirse a una franja determinada de la infancia y la adolescencia que es considerada “en problemas”, que tiene conflicto con la ley o que está en situación de abandono. Para diferenciar a estos niños y adolescentes del conjunto “normal”, el adjetivo es usado como sustantivo. Se denomina niño o adolescente a aquél que se vuelve noticia simpática por alguna acción. En cambio, es llamado “menor” aquel que sufre algún tipo de problema, y en especial el que delinque o está acusado de delinquir. Esta calificación discriminatoria se arrastra desde fines del siglo XIX, cuando surgió en Estados Unidos la teoría de la “protección del menor”, que se expresó en la creación de tribunales especiales (llamados “Tribunales de Menores”) destinados a evitar que los “menores”, es decir, las niñas y niños vistos como problema potencial —por ser, por ejemplo, víctimas de abandono—, causaran daño al cuerpo social, por lo que eran apartados de él. Los términos adecuados son niño, niña, adolescente o joven” (1).

Por su parte, el Foro Social Infancia Chile (al alero del Foro Social), es una red de organizaciones infantiles donde se reúnen las propias niñas y niños. En octubre pasado propusieron y comenzaron una “Campaña permanente” para desutilizar el término “menor” en las instituciones y organizaciones sociales que trabajan con infancia, porque consideran que es una forma de tratarles como inferiores.

Las niñas y niños poseen rasgos propios de una minoría clásica: carecen de legitimidad social; pueden ser muchos los sujetos que viven esta condición pero las decisiones que les afectan están lejos de su influencia (por ejemplo no tienen capacidad de presión al no tener derecho a voto); es una categoría “indeseable” y que se utiliza como sinónimo de desprecio (decir a alguien que es “niñita” puede ser algo realmente ofensivo o cuando algo es “infantil” creemos que es poco serio, ingenuo, inmaduro, etc.). Quizá la desventaja más grande que viven las niñas y niños, es que difícilmente pueden realizar investigaciones, denuncias y acciones organizadas para denunciar esta sumisión en la que se encuentran; una notable excepción a esto son las asociaciones de niñas y niños trabajadores de Perú, sin duda una referencia a nivel internacional. Otras minorías históricas como las mujeres; los grupos indígenas o las minorías sexuales han comenzado a estudiar su propia opresión para transformarla y ejercer alguna presión política. Todas estas aportaciones se consideran una línea de estudios llamados subalternos, donde no se considera a la infancia como tal.

Sabemos que el lenguaje no es neutro, designa valoraciones y crea determinadas representaciones acerca de lo que decimos. El lenguaje reconstruye la realidad. Cuando se utiliza el término “menor” para referirse a las niñas y niños, se vuelve a estereotipar la idea de “minoridad-inferioridad” con relación a las personas adultas. Sin pretenderlo, la propia palabra hace alusión a la infancia como una “minoría” respecto al poder infantil, pero sin cuestionarla del todo. Tratemos, pues, de evitar las imprecisiones y transformar nuestras propias representaciones del mundo.

Nota: (1) Fuente: Agencia Nacional por los Derechos de la Infancia, Brasil y Tercer Sector. Muleiro, Hugo, Palabra x palabra, Editorial Biblos, Buenos Aires, 2002. www.ongraices.org/images/stories/Documentos/interiorcomunicar.pdf

Créditos fotografía: “El Brikindans“. Publicada bajo licencia Creative Commons. Disponible en Fotolibre.org

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