El Mundo al Revés: Con el Reajuste los Trabajadores Fiscales Celebran la Reproducción de la Desigualdad Social (Por Juan Pablo Venegas)

A Juan Manuel, mi padre, un ex trabajador fiscal

Nota: “Este articulo estaba escrito para hace unas semanas, pero una falla informática lo tuvo retenido en mi computador mientras lo reparaban en el Servicio Técnico, sin embargo, la reflexión que lo inspira y los principios que me mueven a redactarlo siguen intactos. Pido las excusas por su extemporaneidad contingente, pero insisto con el por su contemporaneidad en el fondo de mi argumento. A ver qué opinan”.

Hace unas semanas presenciábamos por los medios de comunicación uno de los peores espectáculos dados por la burocracia chilena y el Ejecutivo, la “negociación” del incremento salarial para el año 2009 de los empleados fiscales. Negociación que concluyó– como siempre – con triunfadores por ambos bandos y con la ciudadanía pidiendo explicaciones por la falta de servicios de salud, educación, trámites legales, civiles y hasta de recolección de basura. Siendo honestos, la sensación de muchos -aún siendo empleados fiscales- es que el Estado Chileno “ya hace agua por todos lados” en términos de mala gestión e incapacidad para negociar, y que las victorias “pírricas” de los trabajadores son más bien autogoles que dejan a la ciudadanía pobre, igual o más pobre, y donde grupos de interés aprovechan de seguir obteniendo “rentas”.

A) Primero: El “AUTOGOL”.
Me refiero a esto como la jugada en la que los trabajadores fiscales han generado una negociación con un efecto y trasfondo regresivo en el ingreso,

pues el incremento final (10% parejo para todos los planta y contrata) en rechazo al incremento “gradual” o “escalonado” ofrecido en primeras instancias, es un peor escenario para los trabajadores con menos renta. A este respecto se entiende que las primeras ofertas “con suerte” alcanzaban el porcentaje de IPC anual y no compensaban el delta de inflación no cubierto en el año anterior, lo que era claramente “reclamable”, pero la metodología de gradualidad o escalonada integraba un principio “progresivo” y de “equidad” en términos de su implementación, lo que era sumamente acertado en términos de distribución del ingreso.

Es claro que la inflación y las alzas de precios no afectan a las personas y familias de la misma manera, pues quienes tienen menos, satisfacen de peor forma sus necesidades principales (o ven afectados sus funcionamientos o “capabilidades” como diría Amartya Sen) y es por lo mismo que quienes debían ser más favorecidos en esta instancia, eran los funcionarios con menor renta y así escalonadamente hacia las mayores rentas. Pero en un “malentendido principio de la igualdad” que defiende, la ANEF derivó en una negociación en donde (en un ejemplo no preciso pero si profundo), “quienes hoy gana un millón de pesos verán incrementado su sueldo en 100 mil pesos, y aquellos que ganan 200 mil recibirán 20 “lucas” (¿alguien se da cuenta que con los 100 mil de uno se podría pagar el 50% del sueldo del otro?). Siendo honesto yo no quiero esas cuestionables consideraciones de “igualdad” que más que favorecer principios de justicia social profundizan desigualdades y consolidan la inequidad socioeconómica del país, tan “gargareada” por todos los gremios o sindicatos del país.

No conozco las cifras de los incrementos obtenidos por los  Empleados Públicos en los últimos 10 años, ni los incrementos agregados del IPC en el mismo período, los que serían interesantes de considerar en un análisis de proyecciones de rentas y de la capacidad de compra a la que están asociadas. Pero es importante refrescar que el Coeficiente de Desigualdad Gini de Chile es de 0,538 lo que nos sitúa como uno de los países más desiguales del mundo.

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En este punto me parece clave mencionar que el desarrollo económico de un país se asocia con los avances de una comunidad con relación a la dotación de bienes y servicios básicos. Sin embargo, para evaluar el progreso se debe recurrir a juicios de valor para conocer la manera en que las oportunidades, los bienes, los servicios y el ingreso se distribuyen. No hay duda de que la justicia económica se relaciona con el ámbito valorativo de la distribución de los bienes y el ingreso, y por eso que es clave tener una consideración de este tipo al momento de negociar, ¡NO el incremento parejo para todos¡.

La desigualdad existe en todas las sociedades y su estudio y medición es de interés para identificar causas y efectos, así como su vinculación con otros fenómenos económicos y sociales, pero alude al hecho de que un conjunto de magnitudes económicas o de otra índole son diferentes entre sí. Es aquí donde la reflexión sobre la inequidad hace referencia a juicios de valor sobre el perfil de esas magnitudes y criterios para superarla, sino quedémonos tal como estamos y dejemos las políticas públicas, los proyectos de país, los sueños, las utopías, en fin, la capacidad de generar una sociedad mejor, más integrada y más justa.

Y esto se hace aún más clave de reflexionar cuando ya está comprobado que el hacer transferencias a los individuos más pobres se afecta de manera más relevante la desigualad, reduciéndola pues los ingresos generados en el  trabajo de las personas tienen una mayor incidencia y ponderación en todos los coeficientes de desigualdad.

En términos prácticos, incrementando el salario de los más pobres se reduce aún más la desigualdad. Por eso la torta no se reparte “igual para todos”, sino que en función del contrato social sobre qué nivel de equidad e inclusión queremos en Chile.

[Para fanáticos les recomiendo leer los artículos del profesor Fernando Medina de Cepal sobre el tema.]

B) Segundo, la generación de RENTAS:
En este punto cabe aclarar que me refiero a lo que en economía se atribuye a las ganancias fuera de productividad que obtienen algunos agentes económicos, en lo cotidiano se refiere a las sobreganancias que obtienen los monopolios con alzas de precios o los sindicatos (como el del cobre) cuando negocian incrementos de sueldo.

En este caso, las rentas  provienen de escalafones de profesionales y directivos que ya han visto incrementada sus rentas de manera superlativa en los últimos 10 años con los sistemas de Alta Dirección, asignaciones críticas y rentas variables, pero principalmente quienes ven en estas negociaciones la posibilidad de “meter la mano” y sacar su tajada. En esto último me refiero principalmente a los honorables diputados y senadores quienes de última hora entraron en la negociación.
 
Alguien puede explicar ¿quién genera los procesos de negociación por el lado de los trabajadores?, ¿los trabajadores?, no; ¿los partidos detrás de los líderes de los trabajadores?, mmhh; ¿los grupos de interés que negocian tras los dirigentes de los trabajadores?, mmhh. Para mí está claro que los trabajadores NO.

Es en esto momentos cuando más pienso en aquella frase que no recuerdo quien mencionó y que dice que “los sindicatos defienden los intereses del sindicato y no de los trabajadores”, la negociación consolidó la posición de la directiva de la Anef, pero perjudicó a los trabajadores más pobres.

Por otro lado, llamó gratamente la atención la capacidad de Hacienda de generar una propuesta escalonada más “inteligente”, ad hoc y con una metodología distinta, que claro debiera estar aún más afinada con los miles de sistemas de medición de la Dipres (que debe saber cuánto gana hasta el más lejano empleado de Punta Arenas). Pero me llama aún más la atención cómo después de 20 años de democracia no hay un solo profesional de ese Ministerio que sea capaz de delinear una mísera estrategia de negociación clara, precisa y con atisbos de alternativas de propuesta. Me sorprende ingratamente que el supuesto bastión de la Modernización sepa sólo de control de gestión y nada de estrategia, de misión, de valores y menos aún de negociación y management, porque al final entregó un reajuste posible en términos financieros, pero malo para el país.

En este escenario, la UNICA que entrega señales de decencia y preocupación por los negativos efectos de la medida y el “mal ejemplo” entregado por el Legislativo es la Presidenta Bachelet, que ha encontrado una fórmula ética y coherente para no verse incluida en esta alza entregando su 10% a Organismos No Gubernamentales.

En fin, para terminar sólo mencionar algunos “tips” que pueden darle algún sustento de consistencia a esta catarsis:
- Ya en el año 2000, 2 estudios de origen ideológico e institucional distinto (Escobar, PET, 2000; y, Beyer et Al. CEP, 2000) afirmaban que en Chile el Mercado del Trabajo actúa como mecanismo reproductor de la pobreza. Yo entiendo que la función pública sin ser eminentemente productora de bienes o servicios para el mercado, si funciona con la lógica y efectos de un mercado de trabajo, y por ende en esta caso el incremento parejo sostiene las situaciones de inequidad ntre los trabajadores del Estado.

- En Management quedó claro hace años que las mejores negociaciones son en grupos pequeños, y en el caso presente sólo hay que preguntarle a los funcionarios de las reparticiones que incluyeron en la negociación final sus anexos especiales en los que obtienen regalías especiales.

- Los beneficios de los incrementos salariales se sienten en una etapa recesiva pues impactan en el gasto agregado del país siendo de alguna manera contracíclicos.

- Los sectores más pobres tienden a tener una mayor propensión al consumo pues requieren consumir la totalidad de sus ingresos para satisfacer sus necesidades básicas. Pero como compran bienes de bajo precio tienen una incidencia menor en el gasto total de la economía, lo que es al contrario del gasto suntuario que genera la población con mayores ingresos.

- Asumiendo que el ingreso promedio de los chilenos esta entre los 250 y 300 mil mensual (y teniendo en consideración que es mas alto el de los hombres);  que el tamaño de hogares con más ingresos en chile es menor que los de menores ingresos, por lo tanto hay menos bocas que alimentar; que los ingresos se reducen en los mercados laborales expuestos a apertura comercial, como el nuestro; que los ingresos también se reducen por la presión salarial de otros países competidores más baratos ((teniendo en cuenta que tenemos casi 17 millones de habitantes y los Chinos, nuestros socios comerciales son más de mil cien millones, ¿alguien sabe cuánto es el sueldo mínimo en China?); doy casi por seguro que esa tendencia se ha reproducido al mercado público y en esta última negociación esto se ha consolidado.

Mi pregunta a los  Señores y Señoras de la ANEF es ¿con quién calculan sus propuestas de negociación?, porque antes de negociar ¿algo calculan no?, ¿cuál sería el peor escenario de negociación si ustedes se dieran cuenta por un minuto de que están perjudicando a sus trabajadores?, ¿quién les dijo que la igualdad tenía que ser en todo y para todos?. SOBRETODO CUANDO TIENES UN PAÍS TAN DESIGUAL¡¡¡¡.

Algunas sugerencias o ideas para el futuro:
a) Insisto en que hay que generar la negociación escalonada con una metodología de redistribución del ingreso.
b) Una Reforma que establezca mayores cargas impositivas directas escalonadas tb. según ingresos, es decir a mayor ingreso, mayor impuesto.
c) Una negociación flexible a 3 años, de manera de generar una nueva señal macroeconómica.
d) Una negociación con proceso gradual de homologación de las escalas de sueldo interinstitucional, así un grado 9º de cualquier Servicio debe ser idéntico en todo el Estado, con posibles acuerdos intermedios (no tendremos situaciones como las de fiscalía y poder judicial, por ejemplo).
e) Un sistema de compensaciones que no será mezclado con el de motivaciones, teniendo importantes programas de formación, capacitación, innovación y extraprogramaticos. Asimismo, las compensaciones no serán solo monetarias, sino por ejemplo, en  incrementos de post natal, días compensatorios, etc. que en algunos lugares ya existen.

Para aquellos que criticaran esta columna desde el dolor del bolsillo propio solo mencionarles que  en una frase religiosa que yo interpreto mas como de justicia social dicha por el S.J. Alberto Hurtado dijo “que hay que dar hasta que duela” y bueno es en nuestro bolsillos donde nos debe doler”.

Para los que aludan al discurso ideológico de la crisis del modelo, de la perversión de este, de su incidencia en la generación del nefasto “individualismo”, la globalización y la pérdida de sentidos colectivos, sólo decirles que dichos discursos se siguen quedando cortos ante la complejidad del fenómeno y que la retórica panfletaria poco ha aportado y poca legitimidad en urnas tiene en nuestro país.
(aquí cabe mencionar los notables efectos de la globalización y el mercado en la propagación y sostenimiento de movimientos “colectivos” mundiales, como el Foro Social Mundial, ATTAC, entre otros).

Para los que abogan porque el reajuste es una necesaria reivindicación ganada por los defensores de la democracia que lucharon contra la dictadura (estos son los peores), sólo decirles que todos valoramos el contar con una democracia, pero que han pasado casi 20 años y ya basta de profitar de las luchas y las glorias pasadas y que hoy en el Gobierno hay que demostrar que se sabe gobernar para todos con proyecto de país y con justicia social.

[Nota: No se incluyen en esta columna las importantes reflexiones sobre la incidencia de este reajuste en el mercado laboral privado, en las definiciones de sueldo mínimo y menos aún del impacto global en el mercado del trabajo especialmente en un escenario en el que el desempleo se cierne como un protagonista central de la crisis.]

Créditos foto: “Piedra Para-le-los” en Fotolibre.net

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