Alto Contraste: Reforma de Pensiones en Argentina y Chile (Por Tito Flores C.)

El polémico anuncio de re-estatización del sistema de pensiones argentino y las complejas consecuencias  que a nivel nacional e internacional ha tenido esta decisión, hacen valorar todavía con mayor fuerza, la solidez y seriedad con la que el mismo tema fue tratado en Chile, a partir del Consejo Asesor Presidencial para la Reforma Previsional, creado por la Presidenta Bachelet.

Más allá de las buenas intenciones que probablemente han inspirado al gobierno argentino, los errores cometidos han sido varios y de diferente calibre. Al anuncio planteado en clave confrontacional –las administradoras privadas de pensiones han sido relegadas al papel de “despojadoras”- ha de sumarse la poca confianza que el gobierno ha sido capaz de generar entre la ciudadanía. Los rumores que cuestionan tanto el uso y destino de los fondos previsionales como la robustez real de las finanzas públicas argentinas, han abundado. Tampoco fueron aquilatadas plenamente, al parecer, las negativas consecuencias que tal decisión generaría en los mercados nacionales e internacionales, ya altamente sensibles por la coyuntura mundial. Sin ir más lejos, el Merval argentino y el Ibex español cayeron de manera abrupta, inmediatamente después del anuncio. Por si esto fuera poco el proyecto de Ley (de apenas 20 páginas) aparece feble, sin la consistencia técnica que requiere un cambio de tal magnitud.

Como consecuencia de lo anterior, hoy ya está más que claro que el proyecto tendrá una tramitación nada fácil. Las reacciones adversas, las protestas, y la preocupación nacional e internacional, han provocado un importante cambio en el escenario legislativo argentino. Los apoyos calculados de inicio por el gobierno, ya no son los mismos. Incluso algunos parlamentarios justicialistas comienzan a criticar la medida. En definitiva, si el proyecto llegara a aprobarse, seguramente lo hará con drásticos cambios, que terminen por desnaturalizarlo y por dejar a nadie contento.

En contraste con todo lo descrito, y aun a riesgo de sonar chauvinista, el proceso chileno fue ejemplar en este sentido. Y es que todas las áreas débiles del caso argentino, constituyen por diferencia, las fortalezas de cómo fue llevado a cabo desde su gestación, la reforma previsional en Chile, que acaba de ser puesta en marcha en julio recién pasado.

Considerando su envergadura, el proyecto, impulsado desde el comienzo de su mandato por el gobierno de la presidenta Bachelet, buscó aunar voluntades. El Consejo Asesor Presidencial, constituido para tal fin, cumplió con creces su objetivo. Presidido por el Sr. Mario Marcel, congregó a personas de un altísimo nivel técnico y de diferentes orientaciones ideológicas, con la finalidad de generar propuestas de cambio al sistema previsional. En tal instancia, la participación de los diferentes actores involucrados y la acuciosidad del trabajo, fueron enormes. Lo mismo el diálogo, la gestación de ideas, y sobre todo, la capacidad de llegar a acuerdos.

Lo mismo puede decirse, respecto del trabajo posterior, el de la redacción del proyecto de ley por parte del Ejecutivo y el de su tramitación, discusión, y posterior aprobación en ambas cámaras del Congreso Nacional.

Y es que gobernar, y hacer política en general, se trata justamente de eso. Implica lograr que quienes piensen distinto, sean capaces de sentarse a conversar, para llegar a ponerse de acuerdo, más allá de las legítimas diferencias que puedan subsistir. La imposición de medidas nunca ha sido buena aliada en este sentido, no sólo porque excluye a  las minorías no gobernantes (muchas veces amplísimas), sino además, porque tiende a desestabilizar innecesariamente el sistema político, con las nefastas consecuencias que aquello tiene para la gobernabilidad de los países.

El gobierno no es un botín de propiedad particular del presidente o presidenta de turno. Por eso, él o ella - a quien los ciudadanos han delegado su soberanía-, debe actuar responsablemente, con una perspectiva de largo plazo, sabiendo y siendo consciente de que a la vez, sus acciones tienen efectos en el futuro y en el aquí y ahora de sus compatriotas. Gobernar no es un juego. Hablamos de las esperanzas y sueños de millones de personas, sobre quienes las decisiones públicas influyen más o menos directamente, día tras día. Aquello requiere un fuerte compromiso ético, a la vez que una alta calidad política y profesional.

Es de esperar, en definitiva,  que el resultado de la transformación previsional en Argentina, cualquiera sea el resultado que ésta tenga, arribe a buen puerto, y que sus consecuencias sociales, políticas y económicas, sean las mejores para todo el pueblo argentino.

One Response to “Alto Contraste: Reforma de Pensiones en Argentina y Chile (Por Tito Flores C.)”

  1. Eduardo Says:

    Creo que el autor de este articulo se ha equivocado respecto a lo difícil que resultaría en el Parlamento argentino la tramitacion del proyecto de ley de la estatización de los fondos de pensiones. A pesar de ello, concuerdo en que la estatización de los fondos fue una medida extrema que no se condice con la crítica hacia la concentración de la administradoras (de un par de administradoras de los fondos pasa a administrar estos una sóla administradora, el Estado -capitalismo de Estado-), más aún cuando existía una AFPJ estatal. Aún así, justificación había por cuanto la pérdida de los fondos colocados en el exterior es altícima. Una buena reforma debería haber apuntado hacia este objetivo: repliegue programado de los fondos e inversión dentro de Argentina. A lo mismo debe apuntarse en Chile. Las pérdidas de los fondos de pensiones en nuestro país son brutales. Esto amerita una segunda reforma ya más bien administrativa -a lo cual no apuntó la pasada reforma previsional que se dedica más bien a llenar los vacíos de la inaccesibilidad de bastos sectores de la ciudadanía que no podían ingresar a cotizar debido a lo discriminante de la financiación de los fondos -comisiones, enormes utilidades, multifondos con inversión extranjera y pagos absolutos por parte de los trabajadores sin aportes de empleadores y del Estado-). Lo que se requiere entonces es una reforma profunda a la administración de los fondos programando un replegue compactado de los fondos invertidos en el extranjero, y la creación de una AFP estatal.

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