Venezuela: Poliar ¿qué? (Por Tito Flores C.)
Poliarquía es un concepto clásico utilizado en ciencia política, para referirse a la democracia. Dahl, su principal impulsor, lo operacionaliza de manera magistral, planteando que para hablar con propiedad de la existencia de este régimen político, los ciudadanos deben tener acceso igualitario a una serie de oportunidades, que se traducen concretamente en una serie de libertades.
Tomando como base este enfoque teórico y contrastando sus postulados con el contenido del informe publicado recientemente por Human Rights Watch: “Una Década de Chávez. Intolerancia política y oportunidades perdidas para el progreso de los derechos humanos en Venezuela” , es posible afirmar que, no obstante los avances registrados en materia social, en Venezuela no se vive una plena poliarquía.
Según el mencionado informe, existirían muchos requisitos que incumple el régimen liderado por el Presidente Chávez. En primer lugar, mientras que para la poliarquía es esencial que los ciudadanos reciban igualdad de trato por parte del gobierno, independientemente de sus preferencias políticas, en Venezuela existiría una severa discriminación en contra de los opositores al gobierno. El despido de éstos de algunas instituciones estatales; la creación de “listas negras”; la negación de acceso a algunos ciudadanos a ciertos programas sociales como consecuencia de sus opiniones políticas; y, la discriminación contra los medios de comunicación, los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil en respuesta a sus críticas o a su actividad política, son hechos señalados por el informe que sirven como evidencia para mostrar la debilidad de aquel gobierno en este primer requisito.
Hay otros dos elementos fundamentales de la poliarquía planteados por Dahl: la libertad de expresión y la libertad de asociación, en los que el informe muestra importantes déficit para el caso venezolano.
Respecto a la primera, según Human Rights Watch, “el gobierno del Presidente Chávez ha socavado la libertad de expresión en Venezuela a través de diversas medidas que buscan alterar el control y el contenido de los medios: Ha ampliado el alcance de las “leyes de desacato”, que castigan las expresiones sobre funcionarios del gobierno consideradas irrespetuosas, y endurecido las penas por calumnias e injurias; ha ampliado la vaga definición de “incitación” y endurecido las sanciones correspondientes, lo cual permite la suspensión arbitraria de canales de TV y radio; ha restringido el acceso a información pública; y, ha abusado del control estatal sobre las frecuencias de radio y televisión para amenazar y discriminar a estaciones con una programación claramente crítica”.
En cuanto a la libertad de asociación, según la misma fuente, el gobierno ha intentado rehacer el movimiento sindical venezolano a través de fórmulas que vulneran principios básicos sobre esta libertad. De esta manera, “ha socavado el derecho de los trabajadores de elegir a sus representantes, al ordenar la supervisión y el reconocimiento estatal de elecciones sindicales; denegado a los sindicatos cuyos resultados electorales no fueron aprobados por el estado el derecho de negociar contratos colectivos; debilitado el derecho de los trabajadores de afiliarse libremente al sindicato de su preferencia, al favorecer a los sindicatos alineados con el gobierno; y, menoscabado el derecho de huelga de los trabajadores al prohibir huelgas legítimas”.
En definitiva, si como dice Dahl, las poliarquías (o democracias) plenas son sistemas sustancialmente liberalizados y popularizados, es decir, muy representativos, a la vez que francamente abiertos al debate público, el contenido del Informe de Human Rights Watch, y la desproporcionada reacción del gobierno venezolano al expulsar a los representantes de esta organización, aportan argumentos más que contundentes para pensar que la situación política de la Venezuela de hoy, lejos está de parecerse a aquel régimen político. Pareciera ser más bien que, siguiendo el esquema propuesto por el mismo autor, este país se encontraría en una situación más próxima al estado de “Hegemonía Representativa”. En este régimen, prima la existencia de una alta representación y participación política, pero es casi nula la liberalización o el debate público.
La pregunta central que cabe entonces ,es cómo Venezuela podrá transitar de estar en la situación señalada hacia una plena poliarquía, que le de garantías básicas a todos sus ciudadanos para actuar políticamente en igualdad de condiciones. La respuesta sólo los venezolanos y venezolanas nos la podrán dar.
September 25th, 2008 at 1:04 pm
Estoy de acuerdo con el análisis que haces del régimen venezolano. Efectivamente se trataría de lo que Dahl denomina “Hegemonía Representativa”.
Pero me gustaría resaltar algo que a mi entender es importante: Lo de Representativo en este tipo de clasificación de los Regimenes Políticos carece del valor o de la virtud de la verdadera representación política, es algo así como un eufemismo.
En realidad se trata de una contradicción perversa, la representación social no puede ser hegemónica por definición. Las sociedades son siempre plurales.
Por tanto para que un regimen político “hegemónico” como es el venezolano pueda tener la apariencia de representación se tiene que dar un alto grado de manipulación, que es lo que suele ocurrir en el populismo.
En mi opinión, para que Venezuela transite hacia una democracia mas perfecta ( poliarquía) tienen que concurrir varios factores pero todos ellos deben tender hacia la supresión del populismo, de la manipulación y esto solo ocurrirá ( si ocurre) el día que Hugo Chavez desaparezca de la escena política.
Este señor, opino . no es mas que un megalómano, embaucador de masas, una amenaza para las libertades que sabe jugar con las carencias del pueblo , originadas anteriormente por gobernantes sin escrúpulosy que al estilo de los prestidigitadores, ilusionistas o charlatanes de feria sabe encandilar al pueblo y convencerlo para con una mano pagarle la educación o la sanidad y con la otra quitarle uno de sus mas preciados bienes, sino el que más, la libertad.
October 3rd, 2008 at 8:22 pm
Es un buen análisis sobre Venezuela y sobre la Poliarquía. Me supongo que el autor propone un buen baremo de análisis. La Poliarquía ofrece conceptos y categorías que son mucho más aceptables que los ofrecidos por la Democracia Electoral.
La Democracia Electoral en América Latina ha producido fenómenos serios de descomposición en los sistemas electorales y en los acuerdos corporativos que funcionaron durante décadas. Este efecto es descrito lúcidamente por el investigador peruano, Martín Tanaka, al describirnos los “Autoritarismos Competitivos” como fórmulas de gobierno en nuestra actualidad continental.
No obstante mi concordancia teórica, creo que en esta época debemos ubicar el análisis sobre los dos espectros radicales de América Latina. En el otro lado del espectro nos encontramos a México y Colombia. En ambos casos, podemos observar las prácticas autoritarias, clientelares, anti-democráticas, etc.
Como muestra, hay que observar la supuesta “Revolución Educativa” que el presidente mexicano enarbola en todo el territorio nacional. Sin importar los informes sobre calidad de educación (PISA de la OCDE), y las exigencias que le propinan los malos resultados; en cambio Calderón ha decidido una empresa de movilización electoral sobre el sistema educativo. No importa la innovación tecnológica, el cambio de régimen, las demandas profesionales derivadas de los TRatados de Libre Comercio. No: para Calderón, el sistema público de educación es un sector que no promete nada en la economía globalizada, sino que supone un mercado político-electoral de primera línea dentro de sus objetivos de corto plazo: las elecciones legislativas de 2009.
La “reforma educativa sustancial” se ha gestado, diseñado e implementado con el cacicazgo de la lidereza magisterial, Elba Esther Gordillo, presidenta vitalicia (mh) del mayor sindicato de América Latina. En dicha “revolución”, no hay posibilidad de enarbolar alternativas desde otros parapetos. Simplemente, podemos observar una política sectorial con objetivos electorales (fuera de foco), y ejerciendo el autoritarismo de la autoridad presidencial, y el corporativismo más duro de los sindicatos oficialistas.
Me supongo que una exigencia en la Poliarquía es la libertad de asociación, y asimismo, el juego de actores autónomos en la arena política. En este caso, los sindicatos oficialistas no son actores autónomos.
Y repito, se trata de un caso entre varios que demuestran el carácter autoritario de algunos países en el “ala derecha” del espectro latinoamericano.
Saludos