El Mensaje Presidencial y los Mitos de la Crisis Energética (Por Antoine Maillet)
Durante el discurso del 21 de Mayo, la Presidenta Michelle Bachelet definió el tema energético como “el otro gran desafío económico de nuestros días” (a parte de la crisis financiera internacional). Esas fueron sus palabras para referirse a la compleja situación por la cual está pasando Chile en este ámbito:
“Tres hechos se han conjugado: la escasez de gas, la sequía y el petróleo más caro de las últimas tres décadas. Como resultado, las familias y las empresas chilenas enfrentan precios de la energía mucho más altos.”
Infelizmente, este análisis no está a la altura de las necesidades del sector. Se podría argumentar que, en materia económica, nunca hace falta pedagogía, porque se trata de asuntos bastante complejos. Sin embargo, en este caso, la sencillez del argumento es más bien un maquillaje para tapar las realidades de un sector donde los actores privados han logrado eludir su responsabilidad. Han mostrado tal virtuosidad en el ejercicio que está instalada en el sentido común, en las representaciones populares, la percepción del Estado como el principal y casi único actor responsable. Esto tiene poca relación con la cruda realidad de la debilidad de las capacidades del aparato estatal en esta materia.
En Chile, la dictadura dejó como herencia la entrega del 100 % de la generación eléctrica a empresas privadas. Supuestamente debería funcionar un mercado competitivo, pero sin embargo los actores han actuado más bien de forma coordinada, como en la actualidad lo evidencia el esfuerzo conjunto realizado por Endesa y Colbún en el proyecto HydroAysén. Durante los años 90, estos privados hicieron un negocio redondo con el gas argentino. Pero, más cigarra que hormiga, no tuvieron ningún cuidado estratégico para anticipar una posible complicación de la situación argentina, prefiriendo acumular utilidades sin preocuparse del mañana.
Por cierto, el Estado tiene una responsabilidad compartida en esta falta de visión estratégica. Pero ésta tiene que ver con la imposibilidad para un Estado de descuidar un sector clave en el mundo global, donde todos los Estados invierten, intervienen, etc. Y ahí está el corazón del asunto: en Chile, el Estado fue despojado de los medios necesarios para intervenir en este ámbito. La voluntad de entregar todo el sector al mercado durante la dictadura no se acompañó de la construcción de los instrumentos de regulación y planificación necesarios.
La Comisión Nacional de Energía (CNE), órgano estatal a cargo, está en una posición de notoria inferioridad frente a las entidades del sector privado que debería pautar. El ministerio de energía es una institución de papel, que atrae la mirada mediática pero sólo cuenta con las magras atribuciones de la CNE. De alguna manera, sólo vino a legitimar la percepción distorsionada sobre el Estado.
Por cierto, el mensaje presidencial no era la instancia para emplazar a los privados a asumir sus responsabilidades. Sí podría haber sido el lugar para afirmar que, en este sector al igual que otros, es necesario un Estado con una mayor capacidad de control. La consecuencia de la reticencia a romper el silencio sobre la realidad del sector tiene por consecuencia la perpetuación en la opinión pública de una visión fatalista, según la cual la electricidad se encarece por razones que superan las capacidades humanas. Así, se da la naturalización de este problema social, reforzada en este caso por la propia Presidenta.
Llama la atención la representación distorsionada sobre las capacidades del Estado que impera en Chile: todos los problemas lo tendría que resolver él, como una figura tutelar que en la práctica dejó de ser en los 80. Pareciera que la sociedad no ha asumido esta realidad. En este caso, el sector privado parece el más dispuesto a olvidar las “reglas del juego” que impuso la dictadura. Al final, dan razón a Andrés Velasco: “los mayores estatistas de Chile son los empresarios”. Lo extraño es el silencio de las autoridades concertacionistas sobre esta situación.
Notas:(1) La Nación, 25-05-08 (¡por alguna vez que se puede concordar con él!)
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