Crisis Alimentaria Mundial, un Problema que No se Debe Soslayar (Por Vladimir Ovando)

En una editorial reciente de Política Pública, se hace referencia a un importante fenómeno que afecta a ya más de 30 países en el mundo, entre ellos varios Latinoamericanos: la crisis alimenticia o inseguridad alimentaria. En una de sus sugerencias principales, releva al papel que deben cumplir los organismos internacionales para enfrentar el tema. Sin estar en desacuerdo con ello, y más bien en un afán complementario, sugiero también visualizar acciones desde nuestra realidad como país.

Pero antes de entrar en ello, despejemos dos cosas, qué entendemos por crisis o inseguridad alimentaria y cuales serían sus causan más reconocidas.  Para la primera diremos básicamente que se trata de la escasez y/o falta de alimentos, ya sea por una menor producción o alza significativa en sus precios, lo que a todas luces dificulta el acceso, para satisfacer las necesidades básicas de alimentación, sobre todo a los sectores de la población con menores ingresos económicos.

En cuanto a la segunda, las causas,  se han consensuado como orígenes del fenómeno al menos las siguientes: a) La importante demanda de alimentos y especialmente de carne, producto de los cambios alimentarios de países emergentes como China, India, Brasil, etc.  Recordemos, que para producir más carne se requiere mayor producción de cereales; b) Parte de la producción de alimentos, que antes estaba dirigida a cubrir la demanda de la población ahora es destinada a la producción de agrocarburantes, ejemplo de ello puede ser el etanol; c) La situación climática, calentamiento global, sequías, etc.; d) El alza sostenida del precio del petróleo; y, e) La especulación financiera. 

La mayor demanda de alimentos, por parte de los países emergentes, se ha encontrado con  que antiguos países productores han destinado parte importante de sus tierras a nuevos tipos de cultivos, no necesariamente alimentarios, como lo son bosques, producto de las sugerencias de los organismos financieros internacionales, que debilitaron las producciones agrícolas locales. Se han encontrado también,  con baja en las producciones por efectos del cambio climático, ya sea sequías, heladas o inundaciones. Se han encontrado, con que los productores de grano prefieren vender parte importante de sus cosechas a la producción de agrocarburantes, por los mejores precios pagados por dichas industrias que la industria alimentaria. Lo anterior debido al costo de del petróleo producto de la demanda por una mayor cantidad de vehículos a nivel mundial y la propia demanda de la industria de los países desarrollados y emergentes.  En fin, se pueden detallar una interrelación aún más fina y acabada, pero baste como ejemplo lo que mencionaremos.

Según los entendidos, nada indica que esta nueva situación que se abre a nivel mundial vaya a superarse con prontitud. Incluso es más, ya hay varias publicaciones que indican fuertes protestas sociales en países de África, Asia y América Central, producto de la escasez y costo de los alimentos. Hablamos de niveles de violencia, que ya es abordado como tema de preocupación política producto de los riesgos que implican a la gobernabilidad y cohesión social de esos países.  También se han publicado cifras respecto a la cantidad de población afectada a la fecha y al número que podría llegar en un futuro próximo, en el caso que se agudice la crisis, hablamos de millones de personas.

Si bien Chile, no es de los países que se ha visto afectado más duramente por la inseguridad alimentaria, se encuentra dentro de los países emergentes, que han modificado, a una escala mucho menor, su demanda alimentaria (aquí no hablamos de desnutrición, ni muertes por hambre, pero sí de obesidad y sobrepeso). También es un país que ha modificado su patrón de producción agrícola de manera importante en los últimos años, destinando tierras para cultivos de exportaciones, no necesariamente de tipo alimentario, lo que lo convierte en más dependiente de producciones internacionales. Y es un país, que los últimos meses ha visto seriamente modificada la escala de precios de los alimentos, ya sean los de producción interna, por problemas climáticos y de especulación, como los importados  por las razones ya mencionadas más arriba. Sumemos para terminar, la situación respecto a la matriz energética que vive el país hace alrededor de cinco años, y su expresión más significativa en la dependencia del petróleo, para la producción y traslados de alimentos.

Pero por  qué relacionamos la crisis alimentaria con la situación país. Traemos el tema, por al menos dos tipos de ideas que nos interesa plantear a nivel país. El 21 de Mayo, en el discurso de la Presidenta,  hubo un  énfasis en el Estado de Social, en lógica de Protección Social de Derechos, sobre todo para los sectores más vulnerables del país.  En el discurso se recogió además, algo de lo señalado por la Comisión de Trabajo y Equidad, quien asume que no será el mercado quien reduzca la pobreza y que se requiere de una mayor participación del Estado, a través de las Políticas Públicas y Sociales  -para algunos analistas, dicho reconocimientos o declaraciones a pesar de su importancia, llegaron algo tarde a lo se ha denominado el segundo tiempo de Bachelet, creo estar de acuerdo con ello- . Pero cuál es el tema aquí.  El tema es que un Estado que busca consagrarse como de Protección Social, debe también ser estratégico en su accionar y no sólo reactivo en su desempeño.

La protección Social también significa, generar políticas que afecten en algún grado el poder de acceso  productos de primera necesidad de los sectores vulnerables. No basta con entregar pragmáticamente un bono de 20, 30 mil pesos una vez cada invierno, acción reactiva del Estado ante los vaivenes del mercado; se debe considerar seriamente, por ejemplo una rebaja al IVA de los productos y alimentos de primera necesidad para los sectores más vulnerables, identificados y clasificados por el mismos Estado. No se trata de una idea descabellada, pensando en la necesidad también de revisar y discutir la estructura tributaria, con la que se financia el Estado, la relegada  discusión sobre el impuesto a las personas y a las grandes empresas.

Por lo tanto,  se hace necesario anticipar acciones, prever alternativas, sobre todo pensando en los sectores más pobres y vulnerables, que se ven siempre afectados por variables externas como crisis económicas y/o climáticas. Para qué esperar un descenso en el porcentaje de población bajo la línea de la pobreza o de la indigencia para reaccionar, para qué esperar movilizaciones sociales o protestas populares para atinar.  Cuando el Estado habla de garantizar derechos, uno de ellos debe ser el no hacer esperar a los que siempre esperan, eso mismo que todavía esperan el chorreo o los beneficios de la economía social de mercado. Quizás algún neoliberal ya sienta como intervencionismo del Estado una propuesta como esta, pero la verdad sólo la dejo en el plano de lo éticamente regulatorio. 

Finalmente,  se hace necesario considerar o mejor dicho reposicionar el papel de la agricultura local en este contexto, como una línea de desarrollo estratégico de una economía como la chilena;  no sólo pensando en la exportación de productos con baja producción de valor agregado; sino pensando también en resguardar cierta producción destinada a garantizar producción para el consumo interno. En otras palabras, se trata de no acceder, a todas las sugerencias, que pueden hacer organismos como el FMI o el Banco Mundial, que un momento determinado indicaron transformar las tierras de cultivo de muchos de los países productores y reemplazar dicha producción por importaciones, y que ahora indican que el sector de la agricultura es de vital importancia para superar la pobreza., vaya paradoja.

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