¿Es posible y pertinente hablar de igualdad en el marco del debate de las políticas públicas? (Por Marcel Théza)

Siempre que en el contexto político reaparece el término igualdad, los espíritus se agitan y un abanico de sentimientos, prejuicios, temores y convicciones, reinstalan una querella que, en rigor, nos acompaña desde hace una buena cantidad de siglos.

Si observamos atentamente la historia, apreciaremos que en el contexto clásico, la idea de “iguales” siempre estuvo ligada a los ciudadanos, a aquellos que ocupaban un límite que se entendía compartido por todos. Una de las consecuencias del establecimiento de los límites de la igualdad en este período fue justamente el hecho de que esta igualdad debía beneficiar sólo a un grupo determinado de personas, los llamados “ciudadanos”. Para todos los demás, operaba la desigualdad de condición, donde el paso de un status al otro no era un proceso socialmente realizable.

Esta concepción varió radicalmente con los inicios del período cristiano. Aquí el tema de la igualdad se comenzó a articular en base a una nueva distinción construida a partir de la oposición entre lo privado y lo público. Entre lo privado y lo público, se instala la diferencia entre el cuerpo y el espíritu. La consecuencia de este cambio de perspectiva implica que el tema de la igualdad sale del espacio de la política para quedar instalado teóricamente en la dimensión de lo estrictamente espiritual.

En América Latina la distinción entre igualdad política v/s igualdad del alma no es una distinción irrelevante. Importantes sectores de la política latinoamericana han tolerado y justificado la  existencia de una política permanente de exclusión, partiendo de la base de que en el ámbito espiritual reside la verdadera esperanza de igualdad a la cual las personas podemos acceder. En el espacio terrenal “la equidad” es ya una formulación sofisticada para estas corrientes de opinión.

Más recientemente, la obsesión por un “mercado omnipresente” ha contribuido también a banalizar el componente de lo político, implicando que las cuestiones públicas no deben ser de preocupación general,  sino de élites especializadas, lo que en la práctica agudiza el cuadro de desigualdad.

Como lo hemos visto, el fenómeno de desigualdad social es esencialmente una realidad que ha tenido por décadas en América Latina una legitimación cultural. En él se develan, por cierto, algunos antecedentes religiosos, pero sobre todo una deliberada voluntad política de orientar gran parte de los modelos de organización de la sociedad latinoamericana sobre los pilares de la exclusión y de la desigualdad.  

Qué nos queda de esta reflexión?

Resulta fundamental reivindicar desde la política pública el concepto de igualdad. Dicho concepto dice mucho más como aspiración de sociedad que un concepto de equidad que, en la ilusión del juego de las oportunidades, termina, permanentemente, dejando al individuo solitario frente al desafío de construir su futuro; dejando, por su parte, a las políticas públicas en un estado de auto inhibición que no le permite quebrar esta frontera imaginaria que es una especie de cordón sanitario destinado a no afectar la libertad de las personas.

Resulta lamentable que el concepto de igualdad haya quedado relegado del lenguaje político y público por muchos años, hasta que, paradojalmente, la Iglesia Católica hiciese presente que es la desigualdad la fuente de la fractura más dramática que afecta a la sociedad chilena. Los propios partidos llamados progresistas se ven expuestos permanentemente a un estado de confusión y duda sobre el uso de este concepto, por lo cual su discurso se construye más bien sobre los términos de libertad y libertades que resultan mucho más inocuos.

Por el contrario, la sociedad chilena cada vez que opina sobre la desigualdad lo hace sin inhibiciones, y de esta forma todos los estudios basados en percepciones sostienen que la ausencia de solidaridad, el temor, la sensación de desprotección, y otros, se originan en el sentimiento de que en la educación, el trabajo, la justicia, etc., la desigualdad tiene una expresión institucional que los afecta a diario.

¿No sería razonable, entonces, esperar la formulación de “políticas igualitaristas” que, simbólica y materialmente, se orienten a cambiar esta percepción, y, más concretamente, a eliminar los motivos que le dan origen?  

Este acto de reivindicación del concepto de igualdad debe implicar, por lo tanto, volver a resituarlo en el plano de lo político y de las políticas, que es el plano de la voluntad. Abandonar ese desafío  es, por cierto, abandonar la posibilidad de ejercer plenamente la voluntad, pero es también abandonar la posibilidad de que esta voluntad permita superar y no seguir reproduciendo lo que más nos avergüenza como chilenos: vivir tan desigualmente.

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3 Responses to “¿Es posible y pertinente hablar de igualdad en el marco del debate de las políticas públicas? (Por Marcel Théza)”

  1. Claudia Hernandez Says:

    Hola Marcel; tanto tiempo…. que bueno saber de ti a través de tus escritos.
    Solo quería saludarte.
    Respecto a tu articulo, sólo me resta decirte que a veces nuestra clase política evita hablar de igualdad en torno a las politicas publicas porque ello conlleva asumir que seguimos siendo muy desiguales a pesar de la gestión de los gobiernos de la concertación y que si bien tenemos logros no hemos logrado traer la alegría a todos… aún falta mucho por hacer y lamentablemente estamos entrando el peor parte del ciclo… el estar en el poder sólo por ello.. por estar y, eso se evidencia muy claro en algunos engendros de la politica.
    Un abrazo
    Claudia Hernández

  2. barbara Says:

    hola que bueno que se hable de la verdad pero lo más importante es hacer algo por esto y realmente entregar unas políticas públicas de calidad para la gente que lo necesite ,entregar herramientas y recurso para que de verdad puedan abrirse de paso y no una ayuda para el momento o para matar el hambre del momento sino crecer y construir junto el nuevo desarrollo,me sirvo tu escrito para mi ensayo de la politicas publicas

  3. maria josé Says:

    hola Marcel:

    siempre significa algo grato para mi leer tus escritos, siento orgullo, a pesar de todas las distancias que nos convocan.
    al menos trato, desde INDAP, disminuir brechas.

    un abrazo y saludos a tu familia

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