Mérito y Desigualdad (Por Ricardo Zúñiga)
Hace uno días Waleska Muñoz publicó en este sitio un interesante artículo sobre Mérito y Desigualdad, donde pone de relieve la contradicción surgida de aplicar el mérito como factor de selección en el mundo público. Concuerdo plenamente con lo que plantea y quisiera agregar algunos elementos a un debate insuficientemente revisado en Chile.
Primero debemos aclarar que es lo que consideraremos meritorio, si lo que deseamos es premiar un estado de cosas o un proceso. Es decir, favorecemos a alguien por los indicadores formales que ha obtenido (títulos, puestos de trabajo, manejo de idiomas, etc.) o por el esfuerzo que ha debido realizar para lograrlos.
Esta diferencia no es semántica, es vital. Si deseamos premiar sólo los galardones obtenidos sin preocuparnos por el proceso generamos un sistema superficial, manipulable por indicadores y que termina por convertirse en un modo de reproducción estructural de grupos endogámicos, destruyendo el principio básico detrás de la meritocracia, el de premiar y confiar en “los mejores”.
Concretamente, en el ejemplo de Waleska, de dos profesionales con equivalentes carreras que postulan al ámbito público, sólo debería fijar la vista en sus logros, o debería examinar desde donde se obtiene esos logros. Es decir, ¿valoramos igual a un profesional que estudia la misma carrera en la misma universidad? ¿Se puede dar el mismo valor a esa carrera profesional si uno de ellos estudia en un liceo público de Chañaral y el otro en uno de los mejores colegios privados de Santiago? ¿Quién es más “digno de admiración”? espero que la respuesta sea obvia para la mayoría de las personas.
Si el mérito se relaciona con la admiración o el reconocimiento de los demás por lo que se es y se ha logrado, entonces lo que se reconoce es un diferencial, un valor agregado. Lo que podríamos “medir” en la valoración de un currículo es la diferencia que existe entre los puntos de partida y los de llegada, las características y habilidades personales que ese diferencial permite inferir.
Si los padres de un profesional son campesinos pobres y sin educación formal, pero el logra obtener postgrado en una universidad prestigiosa, eso habla mucho de sus capacidades, de su seriedad, de su dedicación y de su inteligencia. En cambio, si ese mismo postgrado es obtenido por el hijo de una familia de profesionales con postgrados y sin dificultades económicas el logro no se puede interpretar de la misma manera.
Tal vez una alternativa sería desarrollar indicadores de “diferenciales” no de logros obtenidos solamente, de modo que la meritocracia sea un proceso de eficiencia del sistema público y de movilidad social general y no sólo un sistema de reproducción de élites burocráticas.
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April 12th, 2008 at 10:44 pm
Ricardo,
Considerando que el mérito como exigencia para un puesto de trabajo, es considerado parte de un sistema neutral de selección, me permito señalar algunos atributos propuestos por Bowles y Gintis (1976)(1) que me parece adecuados de considerar.
Con una perspectiva tecnocrática: En los cuales se señalan tanto los de tipo intelectual que se valoran según sus antecedentes académicos, nivel de estudios para el cargo que se necesita, como aquellos relacionadas con las habilidades técnicas concretas de la persona, como lo serian en el uso de ordenadores, herramientas tecnológicas, idioma, etc.
Rasgos personales: Estos atributos se consideran complementario a los anteriores y que tienen que ver con los rasgos particulares que debe poseer la persona que se consideran los más adecuados para un desempeño eficaz del cargo a proveer, como por ejemplo: la motivación, perseverancia, docilidad, dominio, flexibilidad, tacto, innovador, emprendedor, creatividad, etc.
Los autores plantean otros atributos, sin embargo se consideran ya alejados de un sistema basado en criterios neutrales, como lo serian los modos de auto-presentación (forma de vestirse y de hablar), como también la pertenencia a un determinado grupo social, basado en el género, raza, edad, etc.(Además la exigencia de estos atributos apunta a fomentar la desigualdad en función de la apariencia física, situación que las administraciones publicas han tratado de erradicar).
En fin, hay formas y formas para determinar cual es mas meritorio para seleccionar a uno u otro, los concursos de antecedentes mas los de oposición, quizás podrán darnos luces de cual es mejor, pero como bien creo me interpretastes, lamentablemente veo que quien tiene mas posibilidades es quien mejor oportunidades ha tenido en la vida.
Saludos
Waleska
(1)Bowles, Samuel y Gintis, Herbert (1976). “La meritocracia y el coeficiente de inteligencia: una nueva falacia del capitalismo. El I.Q. en la estructura de clases de los Estados Unidos”. Editorial Anagrama. Barcelona, España.
May 20th, 2008 at 3:05 am
Los instrumentos son consecuencia de un estado general de las cosas, me refiero a un modelo estructural que incide tanto en los aspectos materiales como así en los culturales y simbólicos. En la medida que la perspectiva del capital sea entorno de nuestras acciones y la de las organizaciones, continuaremos con la reproducción de herramientas que favorecen a quienes parten de esa línea de meta con zapatillas Nike, por sobre quienes “compiten a pata pela”.
Muy buena discusión un saludo