El “Entre” Organizaciones (4): El Territorio (Por Sebastián Claro)
Cada miembro de una organización se acostumbra a transitar a lo largo y ancho de un territorio. Desde ciertos espacios, como pueden ser las oficinas, los pasillos, el o los edificios donde se alberga; las formas de saludarse, los modos de relación; la “ubicación social” de la organización en la comunidad o en el “espacio social” dentro del cual interactúa; los símbolos que “representan” a la organización. A todo ello nos referimos como el territorio. Es decir, lo que podríamos denominar el territorio: físico, relacional, social y simbólico. Más allá de estas distinciones, lo que importa es que por territorio estamos señalando aquello a lo cual los miembros de la organización y quienes interactúan con ésta, se habitúan, reconocen como cotidiano y regular, lo que sustenta la generación de expectativas y frustraciones, respecto de las oportunidades que ofrece la organización.
Entonces, ¿cómo se podría describir el territorio del “Entre” organizaciones?. Conviene partir desde la condición de “riesgo” referida en un artículo anterior. El territorio del “Entre” es riesgoso, ahí, el encuentro de personas provenientes de distintos “territorios”, configuran en el “Entre” un territorio que se abre a la novedad, al asombro, a lo nuevo. Eso, desenvuelto en un diálogo, donde lo que configura y le da identidad al territorio, es el acuerdo acerca de los objetivos que dan lugar a este “Entre”. La claridad acerca de dichos objetivos, el que se desenvuelvan en un lenguaje familiar para cada uno de los habitantes (ver entrega anterior), pasa a ser fundamental. Sin esto, lo más probable es que se desenvuelvan territorios paralelos, sin alcanzar el desenvolvimiento de un genuino territorio de un “Entre” organizaciones.
Por su parte, al despejar lo habitual de las organizaciones, sedimentado en el tiempo y, al disponerse a una relación genuina, de diálogo, con otros, lo primero que se debiera abrir, es la posibilidad de comprender, aprehender, descubrir, el problema que convoca iluminado por una nueva mirada. Para esto, es esencial que el territorio dé espacio a reconocer el problema con la menor cantidad de artificios posibles, poniendo las herramientas conceptuales a disposición de una comprensión lo más primigenia, lo más descriptiva del fenómeno, con la menor “carga” interpretativa. Todo ello, entendiendo que siempre se describe desde una perspectiva, cargando de interpretación el fenómeno. Pero, en este territorio, la diversidad de perspectivas (configuradas en territorios diferentes), permite reproducir de manera muy rudimentaria y tergiversada, la fantasía husserliana de la “variación eidética”, es decir, buscar la esencia del problema a partir de las variadas representaciones que se pueden realizar de éste, dejando de lado aquello que no es esencial para su “reconocimiento”.
Por su parte, el territorio del “Entre” es permeable a la comunidad, al espacio social dentro del cual se desenvuelve. No se configura como un reducto de “especialistas” o de ”técnicos” que recogen información, la procesan y, luego, entregan un resultado o solución. La disposición abierta al diálogo con miembros de otros territorios (organizaciones), da lugar, inevitablemente, a que se cuele lo habitual del territorio donde se desenvuelven los problemas, las comunidades, los espacios sociales, donde éstos se dan. Esto obliga a abrir un diálogo donde se botan las barreras entre “el que sabe” y “el que no sabe”, descubriendo que cada cual “sabe algo” y puede aportar desde su perspectiva (esto no excluye, incluir consideraciones de eficiencia y eficacia en la solución de los problemas, pero sí, busca no encerrar la solución, a priori, a la perspectiva de los “técnicos” o “especialistas” (lo cual hubiera sido muuuuy conveniente, por ejemplo, en el diseño e implementación del “Transantiago”)).
Finalmente, el territorio del “Entre” requiere, para desenvolverse efectivamente, que en el nivel del territorio social y el simbólico, se configure un terruño que puede irse transfigurando, reconociendo cuándo esa transfiguración surge desde el asombro provocado por el diálogo abierto y, cuándo, se debe a la falta de compromiso o de responsabilidad, de quienes están habitando y desenvolviendo ese terreno. El riesgo a partir del cual se desenvuelve el terreno del “Entre” no supone un espurio arriesgarse “sin ton ni son”, sino reconociendo en ello una condición necesaria para no fosilizar una nueva estructura.
Artículos anteriores de Sebastián Claro: El “Entre” Organizaciones (Parte 3): El Lenguaje ; El “Entre” Organizaciones (Parte 2): La Escucha y el Diálogo ; El “Entre” Organizaciones (Parte 1)
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