¿Gobernanza sin gobernabilidad? (Por Ana Molina)
El próximo Congreso de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP) que se celebrará del 5 al 7 de agosto en Costa Rica llevará como título “¿Gobernanza sin desarrollo? Repensar el bienestar en América Latina”. En una breve presentación del Congreso se exponen algunas afirmaciones que en buena parte pueden ser cuestionables, e incluso, un tanto contradictorias (1).
No cabe duda que las sociedades están en un constante proceso de cambio y que este cambio es especialmente acelerado en las últimas décadas por los fenómenos de globalización y por los avances tecnológicos. De este modo también se constata que el Estado ya no es el único actor y garante de los procesos y decisiones políticas, sino que en el proceso de gobernar intervienen actores y organizaciones internacionales supraestatales, estatales y subestatales, actores públicos y privados, lucrativos o sin ánimo de lucro, ciudadanos/as individuales… que obligan a los Estados a posicionarse e interactuar con diversos intereses y a sus gobiernos a gobernar en un modo que se ha venido a llamar “gobernanza”.
Dicho documento de presentación del Congreso ALACIP describe la gobernanza como “tanto la acción y el efecto de gobernar como, en un sentido más amplio, las nuevas modalidades de dirección y coordinación intersectoriales entre políticas e intereses diversos que se observan en múltiples niveles, tanto en el plano local como nacional e internacional, y que articulan una relación compleja que promueve un equilibrio entre el Estado, el mercado y la sociedad civil”.
Dada la necesidad y el auge por encontrar modelos explicativos a estos cambios y a estas formas de gobernar, la gobernanza está dando lugar a un cierto abandono del concepto de gobernabilidad, abiertamente reconocido en el documento de presentación del Congreso cuando reconoce que “el término gobernabilidad aparece, a la luz de los cambios actuales, como demasiado restringido al análisis clásico de lo político-institucional y, por tanto, inadecuado para calificar un fenómeno más complejo que integra los procesos político-sociales y asociativos, cada vez más comunes en el nuevo contexto mundial, incluyendo las acciones de nuevos actores políticos y sociales estratégicos”
¿Es posible abandonar los estudios de gobernabilidad en América Latina y preocuparse únicamente por el concepto de gobernanza cuando en el mismo documento se reconoce que “en América Latina se ha construido una institucionalidad democrática cuyas bases no son lo suficientemente sólidas”?
Ciertamente, en los países latinoamericanos (en términos generales) las instituciones tienen comportamientos irregulares e informales, existen problemas de falta de eficacia de sus instituciones y existe una inestabilidad en la percepción de la legitimidad institucional del Estado por parte de la ciudadanía. Por tanto, se comete un error por parte del Congreso ALACIP considerar que la gobernabilidad, como análisis político-institucional clásico, resulta inadecuado y obsoleto, puesto que sigue siendo un elemento importante a la hora de la construcción de una gobernanza adecuada.
No es posible gobernar en gobernanza si no se consideran aspectos político-institucionales (gobernabilidad) que van a afectar a esa gobernanza. Es difícil construir e institucionalizar modos de gobernanza que articulen políticas e intereses de diversos grupos de la sociedad cuando existen disfuncionalidades institucionales en la estructura que da cobijo a los modos de gobernanza. En la gobernanza los actores e intereses que participan pueden ser muy numerosos, lo cual hace altamente compleja la toma de decisiones. Si no se tienen en cuenta las capacidades para gobernar en este modo, es decir, los aspectos político-institucionales, la gobernanza puede que no resulte totalmente correcta o no arrojar los beneficios esperados.
Nuevamente parece que las reflexiones latinoamericanas miran más a Europa que a su propio contexto. El contexto político-institucional de los países europeos no es el mismo que el de los países latinoamericanos, y es posible que en Europa se haya dado un cierto abandono por las cuestiones de gobernabilidad. No es así en los países latinoamericanos, donde no existen razones suficientes para abandonar ni el concepto de gobernabilidad ni los análisis político-institucionales, puesto que siguen siendo necesarios para adaptar la estructura de las democracias latinoamericanas y los procesos de gobernanza.
Notas
(1) Este documento está disponible en: http://www.alacip2008.ucr.ac.cr/
Otros artículos de Ana Molina: Los Agentes de Empleo y Desarrollo Local: La Dificil Coherencia de la Norma; ¿En qué Tejado está la Pelota?; La Descentralización a Debate
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March 8th, 2008 at 3:23 am
Muy buen artículo. El mismo responde a una cuestión crucial en el entendimiento de las políticas de profundización de la democracia en América Latina; la gobernanza está supeditada a la gobernabilidad. En efecto, si no se cuenta con una organicidad y eficiencia institucional que facilite la obtención de consensos con la población, y esta a su vez tenga injerencia en la toma de decisiones, la gobernanza se perfila como poco practicable. En este sentido, cobra especial importancia un término muy usado en el inglés, pero que carece de traducción en el castellano; el “accountability” o responsabilidad en el ejercicio de los cargos públicos. En EE.UU y Europa se ha tomado este concepto como punto de referencia en la optimización de la gestión de gobierno y en la derrota definitiva a la corrupción. A partir de esta base, efectivamente se pueden impulsar medidas y proyecciones que propendan a revalorizar al ciudadano como factor factor eje en el fortalecimiento de la “calidad de la democracia”. Chile y América Latina no están claramente en condiciones de asumir lo que este nuevo paradigma político plantea. Por un lado, producto del descrédito generalizado que se evidencia por parte de la población hacia las instituciones de carácter público (crisis de la “legitimidad”), sumado a la creciente tecnocratización de las decisiones públicas.
La realida muestra efectivamente que la reestructuración de los sistemas políticos vigentes se deben hacer sustentados en un posicionamiento real de la ciudadanía - asegurando instrumentos continuos de deliberación pública - , no obstante, resulta una pseudo utopía practicar este concepto en marcos políticos institucionales que la imposibilitan.
March 8th, 2008 at 1:10 pm
Muchas gracias Eduardo por tu comentario. La verdad es que me sorprendió que un congreso tan importante de politólogos latinoamericanos –ALACIP- descartara con tanta facilidad el abordaje de la gobernabilidad para centrarse únicamente en la gobernanza. En realidad, gobernabilidad y gobernanza son dos conceptos que están en el centro de muchas de las reformas que se están produciendo en casi todos los países. Y como bien dices, es un aspecto crucial para la profundización de la democracia en América Latina.
Sin embargo, considero que gobernabilidad y gobernanza son dos conceptos que van de la mano y se retroalimentan. Si bien, por un lado, es necesario que existan unos requisitos mínimos institucionales para que pueda surgir la gobernanza, por otro lado la gobernanza puede influir en la profundización y en un mejor acomodo de esos requisitos mínimos institucionales. Al respecto, no soy tan pesimista con América Latina, aunque no niego que supone todo un reto.
Gobernar en gobernanza es un reto para todos los países y no está exento de problemas. No hay modelos generales de gobernanza y cada comunidad debe adaptar los procesos a sus recursos políticos, sociales e institucionales. Esta adaptación supone un aprendizaje continuo no solo para los gobiernos (que deben tomar conciencia de que ya no gobiernan solos) sino también para el resto de los actores sociales (que debemos aprender a insertarnos en la vida política y el alcance de nuestras demandas).
Al no haber un modelo de gobernanza por el cual guiarnos, cada comunidad debe encontrar ese proceso de aprendizaje, por prueba y error, por lo que a veces puede surgir el desánimo cuando no se alcanzan objetivos comunes. La gobernanza no se encuentra de la noche a la mañana, pero creo que sí es posible en América Latina.
March 8th, 2008 at 9:54 pm
Concuerdo con la crítica conceptual de Ana Molina, no sólo en lo que toca a los conceptos de “gobernabilidad” y “gobernanza”; sino al problema epistemológico recurrente en los teóricos latinoamericanos al utilizar conceptos y categorías surgidos en otros contextos, sin pasar por la construcción crítica de una teoría en diálogo adecuado y permanente con la realidad que se estudia.
Como latinoamericana, considero que es muy importante volver sobre la propuesta gramsciana del carácter orgánico del intelectual, que vive y conoce su realidad, que piensa y formula formas de interpretación y respuestas en su contexto y condiciones concretas.
Quizá parte del problema es que las desigualdades tan grandes que vivimos, generan también distintas realidades y que muchos de los intelectuales de nuestras universidades viven en contextos ajenos a los problemas de la gran mayoría de la gente, no se sitúan en la perspectiva que les exigen sus objetos de estudio y, en consecuencia, no se preocupan por encontrar las herramientas teóricas y conceptuales para explicar con rigurosidad metodológica las realidades latinoamericanas.
Así, el artículo de Ana Molina, nos permite pensar también en la responsablidad ética de los intelectuales y que no se puede dejar de lado al formular un pensamiento crítico, tan necesario en todo el planeta, pero más aún en contextos donde diariamente mueren muchas personas de hambre o de enfermedades curables y donde el respeto a los derechos humanos y a las garantías individuales siguen siendo un sueño por conquistar.
Araceli Mondragón, México, UNAM.
March 9th, 2008 at 1:23 pm
Muchas gracias Araceli.
Lo que expones me hace pensar en un cierto “complejo de inferioridad” de las ciencias sociales respecto a las ciencias exactas o naturales. Si bien estas últimas pueden elaborar teorías y modelos universalizables, las ciencias sociales se encuentran que el objeto de estudio es la propia sociedad y sus contextos culturales, históricos, políticos… de manera que no es posible revestir de “cientificidad universal” las teorías sociales.
Y ahí está el error al pensar que los modelos que han funcionado para explicar o solucionar un problema social en un contexto pueden servir para cualquier lugar. Se lanzan (o nos lanzamos) a elaborar “teorías de oficina” sin bajar a la realidad social.
Ese es uno de los problemas que veo en relación con la gobernabilidad y la gobernanza. A parte de la confusión intelectual de los dos conceptos (acentuada por malas traducciones al español de los textos anglosajones) existe una tendencia a universalizar modelos. Y lo que es peor, en gobernabilidad se pretenden elaborar índices cuantitativos que lo mismo sirven para puntuar la gobernabilidad en México que la gobernabilidad en Guatemala, cuando estos índices no explican ni el cómo, ni el cuándo ni el porqué sucede lo que sucede en cada contexto.
Con la gobernanza no hemos llegado a este extremo, pero tenemos que tener cuidado con las “teorías de oficina” o con las intenciones de ver la gobernanza como una teoría de gobierno. Lo que funciona en España puede que no se adapte a México. Pero además lo que puede funcionar en Toluca puede que no funcione en un municipio de Chiapas. Los contextos, los actores, los valores y cultura y los problemas de cada comunidad son diferentes. La manera de arreglarlos también. Y como bien dices Araceli, para poder comprenderlo hay que salir de la oficina de la universidad y “patearse la calle”, que es el verdadero laboratorio científico de las ciencias sociales.