Transantiago: De la Arrogancia Racionalista a la Eficaz Humildad del Incrementalismo (por Tito Flores C.)
El Transantiago, en tanto política pública, ha vivido una evolución radical. Ha pasado, en la etapa de diseño e implementación inicial, de estar inspirada por el racionalismo más puro, a ser guiada, -sobre todo a partir de la gestión del Ministro Cortázar- por el incrementalismo.
Como dice el viejo Lindblom, el incrementalismo “es y debe ser el método usual de la toma de decisiones en política (…) normalmente no son posibles ni la revolución, ni el cambio político drástico, ni siquiera grandes pasos, planeados con todo cuidado” (Lindblom 1979, en Aguilar 1996:227)
Esta opción incremental en política pública, si bien es cierto, “no ofrece una solución exhaustiva e instantánea del problema público, desata (…) un proceso sistemático de intervenciones sucesivas y graduales, experimentales y correctivas, teniendo como referente de comparación las consecuencias de la política inmediatamente anterior. [El incrementalismo] pone a la obra un aprendizaje de lo que realistamente hay que preferir y no sólo de cómo realizar los objetivos deseados” (Aguilar 1996:50). Esto es justamente lo que está haciendo el Ministro Cortázar en su intento de mejorar la política pública de transporte colectivo de Santiago.
Este mismo autor señala que para Lindblom (1979) el incrementalismo ”aumenta correctivamente, vez por vez, el margen de maniobra de un gobierno”, constituyendo el estilo propio y obligado de las democracias pluralistas, “poliárquicas”, en sociedades con grupos de interés poderosos, bien informados, autónomos y capaces de presión efectiva” (Aguilar 1996:50)
El racionalismo puro, en cambio, pretende cambiar la sociedad a su antojo. Con un dejo insoportable de arrogancia, supone tener el conocimiento suficiente para diseñar modelos matemáticos que no sólo expliquen un determinado asunto público, sino que también, le permitan al decisor, transformarlo según crea conveniente él y los técnicos que le asesoran. El caso Transantiago, a mi modo de ver, es un clásico ejemplo de lo falaz de esta pretensión. El modelo no funcionó.
El incrementalismo en cambio, “humilde”, pero eficaz, asume su incapacidad para que la política pública transforme las cosas de manera automática . Sabe que los factores políticos, sociales y culturales son básicos, además de los económicos, por cierto. Le consta que los modelos matemáticos sirven de muy buena orientación, pero no más que eso.
Con la información sobre la mesa la autoridad pública inspirada en el incrementalismo, entrará en la arena política para darle viabilidad a sus objetivos y propuestas. Negociará, renunciará a ciertas posiciones, arremeterá con otras nuevas, leerá los “intereses” de los actores involucrados, y lo más importante de todo, no olvidará a la ciudadanía. Tendrá claro que es ella el objeto central de su acción .
A no olvidar entonces: la habilidad política, la capacidad negociadora, la paciencia y un buen timing con fundamentales para el éxito en política pública.
Referencias Bibliográficas
-Aguilar Villanueva, Luis (1996): “Estudio Introductorio”, en Aguilar Villanueva, Luis (1996): “La Hechura de las Políticas Públicas”, Editorial Miguel Ángel Porrúa, México.
-Lindblom, Charles (1979): “Todavía tratando de salir del paso”, en Aguilar Villannueva, Luis (1996): “La Hechura de las Políticas Públicas”, editorial Miguel Ángel Porrúa, México
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