El “Entre” Organizaciones (Parte 3):El Lenguaje (Por Sebastián Claro)

Como continuación de las entregas anteriores, nos referiremos sintéticamente a cómo hemos asumido el desafío de desenvolver el “Entre” en un esfuerzo desarrollado por personas del ámbito de la salud (miembros de centros de salud) y de la educación (miembros de establecimientos educacionales).  Para esto, sólo nos remitiremos al uso del lenguaje, tanto para el nombre que se le dio al Programa desde el cual se realizaba este esfuerzo, como al objetivo general que alumbraba su horizonte.

El esfuerzo al cual nos referiremos fue gestado, en un comienzo, por un médico.  El primer nombre que sugirió para el Programa que se iniciaba fue: Salud Mental Escolar.  Eso, entendiendo que los problemas de la salud mental comprometían a la persona en su conjunto y, a su vez, su abordaje requería de un trabajo mancomunado entre personas de distintas áreas.  Sin embargo, al plantearle a un educador este nombre, éste manifestó que si el Programa llevaba el término de “Salud”, los profesores no se involucrarían activamente sino, más bien, solicitarían que los miembros del área de la salud fueran los actores del Programa.  Por eso, se acordó un segundo nombre: Bienestar Mental Escolar.  Luego, al plantearle a un grupo de psicólogos que participarían en este Programa, manifestaron que en el término “Mente” se denotaba una reducción del problema a un “lugar” específico del ser humano.  Entonces, se acordó el tercer nombre, el que se ha utilizado hasta la fecha: Bienestar Psicosocial Escolar.

En relación al objetivo, su primera formulación, la que se mantuvo durante cuatro años, fue la siguiente: promover el bienestar psicológico y social de los niños en edad escolar.  A lo largo de esos años, el involucramiento activo de los miembros de educación ha sido muy reducido.  Esto tiene variadas explicaciones, una de ellas que puede no ser la más determinante, pero que nos parece interesante de analizar, tiene relación con cómo está formulado el objetivo general.  El año 2006, se desarrolló una reflexión al interior del Programa, donde se abordó el objetivo general.  A lo largo de dicha reflexión se reconoció que la denominación de bienestar psicológico y social era adjudicado a una función propia de los miembros del ámbito de la salud (psicólogos y asistentes sociales).  Por ello, se buscó algún término que pudiese ser igualmente apropiado como objetivo de los miembros del área de la salud y de la educación.  Finalmente, se llegó al concepto de Clima.  Éste, desarrollado bajo el alero de la psicología organizacional, no se reconocía como propio del ámbito de la salud ni de la educación.  Así, se llegó a la formulación de un objetivo que re-emplazó al anterior, éste es: facilitar procesos que potencien climas nutritivos en las comunidades escolares.  Queda pendiente, ahora, cambiarle el nombre al Programa, ya que el de Bienestar Psicosocial Escolar, trasluce lo que se señalaba en el objetivo anterior.

Con lo relatado, hemos querido dar cuenta de una dimensión, la del lenguaje, relacionada a las dificultades que se pueden plantear en la búsqueda de desenvolver esfuerzos en los cuales se involucren colaborativamente miembros de distintas disciplinas y organizaciones.  Eso, dado que las palabras, los conceptos, tienen su desarrollo en medio de los grupos humanos.  Algunos conceptos, desenvuelven una “historia” particular en determinados grupos humanos, como puede ser el que comparte una misma disciplina.  Y, al igual que un coa, el uso de esas palabras está asociado con la pertenencia al grupo y su significado es cabalmente entendido sólo por los miembros del grupo.  Por ello, si se plantea la realización de un esfuerzo a ser desarrollado colaborativamente por miembros de distintas disciplinas u organizaciones, es importante acordar un lenguaje, para el nombre que se le dará al conjunto del esfuerzo, para el objetivo que iluminará el horizonte, entre otros, que facilite la pertenencia y el involucramiento activo de las distintas personas.  Esto se puede alcanzar a través de palabras o conceptos que puedan ser apropiados por los distintos grupos que se involucrarán o, también, incluyendo palabras o conceptos de cada uno de los grupos.  En esta segunda situación, el desafío se plantea en términos de cómo relacionar esos distintos conceptos, siendo que sus historias se han desarrollado en ámbitos distintos.

Lo señalado, nos parece un primer paso para el desenvolvimiento del “Entre” organizaciones, es decir, la posibilidad efectiva de que miembros de distintas organizaciones puedan desarrollar esfuerzos efectivamente conjuntos.  Este primer paso, da cuenta de una dimensión que muchas veces queda en la penumbra.  En la próxima entrega nos referiremos a otro ámbito, el que tiene relación con el “lugar” desde el cual se facilita el desenvolvimiento del mentado “Entre”.

(Volver a Portada)

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.