El “Entre” Organizaciones (2): La Escucha y el Diálogo (Por Sebastián Claro)

En este artículo, nos referiremos a lo esencial del “Entre” organizaciones, mencionado en la entrega anterior.

En primer lugar, lo que no es.  El “Entre” no es un espacio físico, no es un lugar de encuentro, no es algo que se pueda indicar con el dedo.  El “Entre” no es algo que se oponga a las organizaciones, no está fuera ni dentro de las organizaciones.  El “Entre” no es una declaración de buenas intenciones, no es un mandato ni es una alternativa al no-“Entre”.

El “Entre” es ante todo riesgo.  Es el riesgo de volverse inútil, ineficiente, ineficaz.  Es el riesgo de que otros puedan abordar un problema mejor que yo o mi organización.  El “Entre” es la escucha de todo esto, de lo que va sucediendo; es una escucha que se arriesga, sin protección del cargo, la disciplina, el poder; el “Entre” es la disposición a cuidar el problema hasta que desaparezca.  Por esto último, el “Entre” es la evidencia de que las organizaciones se crean para desaparecer.  Su existencia está sujeta a que no exista una mejor forma de abordar el problema.  Cuando eso deja de suceder, cuando “algo” puede abordar mejor el problema, desde el “Entre” la organización se desvanece en el aire.

Las fuerzas que en la actualidad mueven a las organizaciones y, más generalmente, a los individuos y grupos de personas, son variadas y complejas.  Van mucho más allá de aquello que se explicita como motivo del movimiento.  No es de extrañar que la permanencia de un centro de salud o de un establecimiento educacional, la permanencia de los funcionarios, tiene explicaciones que exceden largamente favorecer la buena salud o la educación de la comunidad.  Desde razones económicas hasta la necesidad de investir la identidad con un cargo, pasando por numerosas otras razones desde el orden material hasta el orden psicológico o espiritual, habrán para que la organización perdure.  Es en esta trama compleja donde reluce el valor del “Entre”.

Cuando las personas y las organizaciones se entregan al abordaje de los problemas, arriesgando la permanencia o, al menos, sin ubicar en una prioridad la permanencia, entonces muy posiblemente, ante el desafío de los “Grandes Problemas” que señalaba Morin, se volverá necesario y urgente colaborar con otros.  Eso será, grupos organizados o no, miembros de la misma comunidad donde se trabaja o afuerinos.  Lo “natural” será tocar la puerta del vecino, sentarse a conversar e imaginar cómo conjuntamente se puede llegar más lejos.

En definitiva, el “Entre” es el diálogo, es escuchar sin dejar de compartir los sentimientos, pensamientos y capacidades personales.  El “Entre” es dejar de cuidar lo alcanzado (título, puesto de trabajo, prestigio, poder, etc.), arriesgando hacia el futuro, la posibilidad cierta de descubrir nuevas oportunidades, nuevos caminos, nuevas esperanzas.

En lo planteado, nos hemos movido sin mayor precisión, entre el nivel del ser humano y el de las organizaciones. Eso, dado que concebimos el “Entre” como una realidad fractal, que requiere para su desenvolvimiento el que se vaya reconfigurando de manera similar en los distintos niveles, desde el grupo humano hasta el individuo y viceversa.

Mientras las organizaciones no sean capaces de arriesgarse y recrearse, mientras los seres humanos no seamos capaces de arriesgarnos y recrearnos, el “Entre” será una figura mitológica-futurista, digna de los ingenuos e ilusos.  Pero, ¿qué hay de tan malo en la ingenuidad? (“no es malo tener sueños, lo malo es vivir en ellos”).  Bienvenida, si se vuelve terreno fértil de preguntas que sembradas dan origen a plantas y frutos que nos envuelven en ese mundo ingenuo e iluso . . . pero “real”.

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