¿Son las Alianzas Público-Privadas (APP) un Modelo de Desarrollo a Largo Plazo? (Por Virginia Rodríguez)
En mi artículo anterior se planteaba la multiplicidad de variables que existen y su compleja interrelación a la hora de definir el éxito o fracaso del desarrollo de los países ricos en recursos naturales. En esta ocasión, nos centraremos en la variable ideológica que ha favorecido, en muchos de estos contextos, la creación de alianzas público-privadas (APPs) para el desarrollo dentro del nuevo marco de la “gobernanza”.
Pero, ¿cómo se definen estas alianzas? Si bien la heterogeneidad que rodea a las APPs dificulta en gran medida la existencia de una definición exclusiva o única para todas ellas, según Casado Cañeque (2007), éstas se entienden como iniciativas donde el sector público, las compañías privadas o las organizaciones de la sociedad civil forman una alianza para conseguir un objetivo común, compartiendo riesgos y competencias.
Como puede apreciarse por su definición, estas alianzas surgen alrededor de nociones positivas de participación, confianza, y responsabilidad compartida. Sin embargo, ello no debería desviar nuestra atención de realizar un análisis crítico sobre la naturaleza de las mismas y sobre los verdaderos objetivos que subyacen bajo esta unión. Por otro lado, el hecho de que estas APPs se vean como instrumentos de desarrollo deja notar que, en la mayor parte de los casos en los que se realizan con dicho fin, no existen mecanismos que analicen ni valoren a medio y largo plazo, sus efectos en relación con los objetivos de desarrollo que pretenden conseguir.
El contexto favorecedor de estas iniciativas se ha producido tanto a nivel global como nacional. A nivel global, la ideología neoliberal dominante durante la década de los 1980s y 1990s concedió especial protagonismo al accionar del mercado sobre otras instituciones políticas a la hora de resolver los problemas de desarrollo y crecimiento económico. Sin embargo, los contradictorios resultados obtenidos durante estas décadas llevaron a las instituciones financieras internacionales (BM/FMI) hacía finales de los 1990s a reconocer que si bien el mercado es un actor importante para el desarrollo económico, no es el único ni suficiente para dar respuesta a éste, ni a los múltiples problemas que afectan a las nuevas sociedades globalizadas. Esta idea se verá reforzada, además, por el resurgimiento de una corriente ideológica denominada neoinstitucionalismo económico que asignará un importante papel al Estado y a otras instituciones en el control de las deficiencias del mercado.
De esta manera, surge una nueva aproximación al término de “gobernanza”, no sólo entendido como “buen gobierno” (1) sino también como “concepto descentralizado de la dirección social (…) [en el que] (…) el proceso social de decidir los objetivos de la convivencia y las formas de coordinarse para realizarlos se lleva a cabo en modo de interdependencia-asociación-coproducción/corresponsabilidad entre el gobierno y las organizaciones privadas y sociales” (Aguilar Villanueva. 2006:99)
Las APPs, por lo tanto, comenzarán a ser vistas por las organizaciones internacionales no sólo como un instrumento de respuesta a los fallos del mercado y del Estado, sino también como un instrumento de desarrollo. Muestra de ello, es el lanzamiento en 1999 del “Global Compact” (2) o Pacto Mundial entre NNUU y diversas empresas privadas para la consecución de objetivos comunes, iniciando y promoviendo así, un modelo de desarrollo muy particular.
A nivel nacional, estos cambios globales han afectado las realidades nacionales complejizándolas, y promoviendo un proceso de reforma del Estado y de la Administración Pública para adaptarlas al nuevo contexto. Los instrumentos utilizados en esta reforma son tomados de la nueva gestión pública (NGP), lo que favorecerá la aparición de APPs mediante la externalización y privatización de servicios. Por otro lado, la presión social realizada como consecuencia de las malas prácticas de ciertas empresas privadas en países en vías de desarrollo llevará a la aparición de la “Responsabilidad Social de las Empresas” (RSE), contribuyendo ambas variables a facilitar la aparición de estas APPs para el desarrollo.
Sin embargo, la realidad es que pareciera haberse producido una generalización excesiva de su uso como solución a la escasa capacidad de gestión de muchos gobiernos, sin analizar las implicaciones que esto pueda tener, no sólo sobre los vínculos entre el Estado y la sociedad, sino también sobre su incidencia en cuanto al fortalecimiento institucional, y al modelo de Estado y de desarrollo que propone. Hay una tendencia a ver a la empresa privada como el actor más eficiente y eficaz en la consecución de ciertos objetivos, sin pensar que éste es, también, un actor con agenda e intereses propios.
Desde esta perspectiva, surgen preocupaciones sobre la posibilidad de que las APPs refuercen la lógica del neoliberalismo, promoviendo un predomino del poder corporativo, y atentando a construir un cambio fundamental en las relaciones Estado-Mercado. Además, algunas formas de APPs no sólo permiten a la industria y a los intereses corporativos ganar un sitio en las mesas de consultaciones y toma de decisiones, sino que también ocultan un nuevo conjunto de relaciones sociales, institucionales y culturales donde la interacción y la influencia ya no tiene lugar informalmente, si no que se hace de frente y de forma legitimada (Utting y Zammitt. 2006).
En definitiva, como señalan Utting y Zammit (2006) si estas APPs pretenden ser alianzas para el desarrollo deben ser analizadas desde la perspectiva de la inclusividad, equidad y sostenibilidad, así como desde los derechos sociales, puesto que, este tipo de alianzas para el desarrollo tiende a ser ad-hoc y focalizadas, y sin ninguna garantía de sostenibilidad a largo plazo como es la garantizada por el Estado.
Notas:
(1) El término de “good governance” o “buen gobierno” fue acuñado por el BM en 1992, con el cual se quería determinar que éste era condición necesaria para el desarrollo de muchos de los países receptores de sus créditos, entendiendo éste como: a) la forma del régimen político, las instituciones políticas; b) el ejercicio de la autoridad política y la administración de los recursos económicos y sociales de un país para su desarrollo, c) la capacidad del gobierno para diseñar, formular e implementar sus políticas y para cumplir sus funciones. En este sentido, el BM estaba reproduciendo el enfoque de la gobernabilidad para la dirección de la sociedad.
(2) Más información sobre el “Global Compact” disponible en: http://www.unglobalcompact.org/
Bibliografía:
Aguilar Villanueva, L.F. (2006). Gobernanza y gestión pública. México: Fondo de Cultura Económica.
Casado Cañeque, F. (2007). Alianzas Público-Privadas para el Desarrollo. Madrid: Fundación Carolina. Disponible en: http://www.sigloxxieditores.com/866i.html
Utting, P., y Zammitt, A. (2006). Beyond Pragmatism: Appraising UN-Business Partnerships. Geneva: UNRISD.
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November 2nd, 2007 at 7:00 pm
me gustaría comentar las posibilidades que ves de orientar estas alianzas en función de negociaciones sectoriales con más énfasis en mercados financieros, específicamente de los commodities con que nuestros países emergentes financian material y financiewramente (valga la redundancia) los mercados desarrollados…..
November 9th, 2007 at 1:49 pm
Hola Marco, antes de nada agradecer tu pregunta. Como verás por mi artículo, soy bastante cautelosa a la hora de ver los beneficios sociales y económicos que pueden desprenderse de estas alianzas público-privadas para el desarrollo. En muchos casos, y sobre todo en contextos de países en vías de desarrollo y en proceso de descentralización, estas alianzas más sirven para facilitar el camino de las empresas privadas en la explotación de los recursos naturales reduciendo su oposición social, que para la generación de beneficios sociales y económicos a largo plazo, y para un fortalecimiento institucional.
En cuanto al tema de mercados financieros, me resulta difícil visualizar la posibilidad de que se produzcan estas alianzas para el desarrollo, aunque si es más posible el debate sobre una mayor regulación de estos mercados. Sin embargo, te agradecería me clarificases mejor que entiendes tú por “alianzas” y “alianzas en negociaciones sectoriales con énfasis en mercados financieros”, para poder ser más precisa en mi respuesta.
Muchísimas gracias.
VR
November 9th, 2007 at 7:37 pm
Virginia: gracias por tu respuesta. Tocas un punto crucial. El problema que te planteo se relaciona con el control de precios de los mercados de materias primas, o recursos naturales como señalas, por parte de los mercados financieros de los países desarrrollados. Para mejorar el control de precios, es necesario a mi juicio valorar de mejor manera la capacidad de influir en esta dinámica de flujos de capital. La Europa privada planea subir en 30% la inversión en A Latina en los próximos diez años. No hay control suficiente en la región para absorver este flujo, que afectará nuestra capacidad de desarrollo, pues estos capitales van más rápido que los soportes institucionales y de desarrollo productivo privado. Para ello el Estado hoy trabaja en mecanismos de control y adaptar la estructura de mercado, no de buena manera a mi juicio, demasiado liberal, pero lo hace. Además trabaja con el sector productivo para adaptarlo a los nuevos desafíos. Por ello me parece necesario realizar alianzas con sectores productivos y financieros nacionales, conozco de cerca algunos temas al respecto, donde la inclusividad y la equidad deben trabajarse mejor. En realidad las ciencias sociales. Es un tema complejo, mas no podemos prescindir del poder financiero en el control de variables sociales, antes bien, aprender a manejarlas mejor para de una vez tomar mejor control sobre sus transacciones.
Marco.
November 12th, 2007 at 12:08 pm
Estimado Marco,
de nuevo gracias por tu aclaración y comentarios. Me tomo la libertad de incluirte un par de documentos que considero podrían ser de tu interés con respecto a este tema.
Uno está publicado por el Cambridge´s Programme for Industry (CPI) y habla de la importancia asi como de las limitaciones de las alianzas sectoriales. Este centro tiene bastantes trabajos sobre el tema que pudieran serte útiles.
“Partnership Matters”
http://www.cpi.cam.ac.uk/pdf/partnershipmatters1.pdf
El otro es un documento sobre el papel de la Responsabilidad Social de las Empresas (RSE) que está también vinculado a estas alianzas, y señala algunas de las directrices por dónde esta RSE debería ir para influir más positivamente en el desarrollo social y económico.
“Rethinking Business Regulation: From Self regulation to social control”
http://www.unrisd.org/unrisd/website/document.nsf/ab82a6805797760f80256b4f005da1ab/f02ac3db0ed406e0c12570a10029bec8/$FILE/utting.pdf
Espero que todo ello pueda serte de ayuda, de interés y sobre todo de inspiración.
Saludos
VR
November 12th, 2007 at 6:48 pm
He leído algo el artículo del primer link, lógico que las asimetrías en la estructura social, en relación al crecimiento económico son de suyo graves, mas exploro precisamente cómo aprovechar mejor los términos de intercambio económicos, desde el aparato público, lo cual jamás puede obviar el sector privado. Encadenar pequeñas y medianas empresas con la gran empresa exportadora, requiere un gran impulso de entendimiento social. Contra ello corre la larga cuenta pendiente contra la pobreza y la exclusión. Pero, tenemos alternativa?. Me parece que podemos generar una dinámica que al menos en el mediano plazo apalanque “lo que hay”, con asociatividad “en la medianía de la tabla” económica, como diríamos en globalizado idioma futbolero…..Participo por estos días en una gran aproximación a la plataforma chilena al respecto, donde se trabaja además intensamente el ingreso a OCDE ( son interesantes las recomendaciones de esta organización, publicadas el viernes en su web).
Vivimos al final en América en dos mundos, el de los sueños, el de la poesía, y el de la realidad financiera…..cosa compleja.