Inmigración y racismo en Barcelona ¿Podremos vivir juntos? (Por Iskra Pavez)
El racismo y la xenofobia tienen profundas raíces en la cultura occidental, desde el Apartheid vivido en África, pasando por el nazismo hasta los ataques que han vivido muchas personas inmigrantes o afro americanas en diferentes ciudades de Europa y Estados Unidos. Y es que la discriminación por el deseo sexual, la religión o el color de la piel, siguen ocurriendo en países que se jactan del respeto a los Derechos Humanos y la tolerancia multicultural.
Hace unos días observamos unas imágenes de un ataque xenófobo propinado por un joven catalán en contra de una adolescente de nacionalidad ecuatoriana en el tren de Barcelona. Esta noticia, que ha dado la vuelta al mundo, por una parte ha despertado los viejos temores del racismo y la xenofobia europea lo que ha motivado la inclusión del Ministro de Justicia y el Fiscal Nacional español para marcar un precedente con el objetivo que no se repitan situaciones como esta, también muchas organizaciones de inmigrantes han planteado la necesidad de manifestarse en diversas ciudades del país. Por otro lado, también ha exigido la actuación del Congreso y Ejecutivo Ecuatoriano, así como de otros países de América Latina (Perú y Paraguay, hasta ahora) que han solidarizado y plantean la posibilidad de manifestar una queja no sólo hacia Cataluña, sino que de manera global, hacia el Estado español.
Este tipo de suceso abre el debate, urgente y necesario, sobre la convivencia cotidiana entre poblaciones autóctonas e inmigrantes en el territorio español en general y catalán en particular. Durante las últimas décadas, España ha recibido importantes flujos migratorios provenientes de América Latina, Marruecos y Rumanía principalmente, lo que ha acelerado el crecimiento económico y reactivado su mercado laboral. Barcelona es una de las ciudades que presenta mayores índices de inmigración, caracterizada por una amplia oferta de trabajo y algunas estrategias de integración para los diversos grupos que conviven en la capital catalana. Sin embargo, todo esto no parece suficiente para garantizar la convivencia y erradicar la discriminación en una sociedad multicultural.
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