¿En qué Tejado está la Pelota? (Por Ana Molina)

No hay actualmente documento, artículo o libro que se precie, que al analizar las democracias, la reforma del Estado, la modernización de la administración pública…no mencione la palabra “accountability” o su traducción en castellano “rendición de cuentas”. Desde el Banco Mundial y el PNUD hasta una larga lista de teóricos de distintas disciplinas han señalado este concepto con la intención de introducir un elemento de profundización en la calidad de la democracia.  La causa de la inclusión de este elemento se encuentra en la desconfianza que sienten los ciudadanos hacia la política y la desafección (en algunos casos preocupante) hacia la democracia.

A este respecto, podemos tener en cuenta dos tipos de accountability: Horizontal y Vertical

La Horizontal, se refiere a las relaciones de control entre agencias del Estado. Es la forma más clásica y tradicional de rendición de cuentas. Desde Montesquieu no se puede hablar de democracia sin hacer referencia a la división de poderes y los tradicionales check and balance existentes entre ellos, así como a diferentes agencias que se han ido creando para controlar diferentes aspectos de la vida política (Tribunal Constitucional o tribunales de cuentas, por ejemplo)

La accountability vertical (o societal) se refiere a las relaciones de control que realiza la sociedad hacia el Estado. Tradicionalmente se ha identificado esta forma de accountability con la capacidad de premiar o castigar las acciones de un gobierno a través de las elecciones. Sin embargo, cada vez se hace más evidente la necesidad de que los ciudadanos/as puedan exigir cuentas más allá del mandato electoral.

Situando la accountability en los gobiernos locales podemos observar que la rendición de cuentas horizontal es más débil. Falta en este nivel un esquema claro de separación de poderes y un sistema de pesos y contrapesos tan desarrollados como en las instancias centrales. De esta forma, se hace necesario y hasta podríamos decir que imprescindible, el ejercicio de la rendición de cuentas vertical (o societal) que venga a complementar esos mecanismos horizontales.

Es precisamente en el nivel local donde la sociedad, los ciudadanos/as individualmente o colectivamente pueden pedir “responsabilidades” por los actos políticos que les afectan. Así, la rendición de cuentas debe incluir por un lado el derecho ciudadano a recibir información y por otro la obligación del gobierno local a divulgar los datos necesarios y justificar sus decisiones.

Como expone Schedler (1) ”Si la información fuera perfecta y el ejercicio del poder transparente, no habría necesidad de exigir cuentas a nadie. La demanda por la rendición de cuentas, la demanda por hacer transparentes hechos y razones, surge por la opacidad del poder. En un mundo de completa transparencia, no tendría sentido molestar a los políticos con preguntas sobre qué han estado haciendo o planeando y por qué. Ya lo sabríamos”.

Pero ni la información es perfecta ni el ejercicio del poder (local) es transparente. Y existe una enorme resistencia por parte de los políticos y funcionarios locales a que esto sea así. En esta situación, que es un hecho generalizado, caben dos escenarios para el análisis:
- Un escenario semejante a lo que podríamos llamar como “democracia local delegativa”, en los términos de O´Donnell (2), donde la sociedad local está débilmente organizada y donde el poder local se ejerce de forma “cesarista” o se limita a ofrecer la información que estima oportuna a aquellas organizaciones sociales, por lo general, cooptadas.
- Un escenario donde la sociedad está organizada (condición sine qua non) pero además toma conciencia de su potencial organizativo para exigir cuentas al gobierno local, toma conciencia de sus derechos de ciudadanía – el poder no es de los políticos locales, sino de todos los ciudadanos y ciudadanas – y toma conciencia de que exigir información no es un derecho de petición, sino un derecho a la crítica y al diálogo (Schedler). En este caso el poder local atiende a las demandas ciudadanas de información y justifica sus acciones.

Entre estos dos escenarios existen varias situaciones. Cuanto más se aproximen al segundo caso, el poder local tenderá a ceder más información y a dar más explicaciones por sus actos.

Entonces, si asumimos: A) Que los políticos y funcionarios (locales) prefieren gobernar sin ceder información y se resisten a hacer transparente su gestión; y B) Que solo a través de la presión de la ciudadanía esta situación se puede revertir; y      C)Que los derechos (cualquier derecho social y político) nunca han sido dados por carta de naturaleza, sino que son respuestas a contestaciones y luchas sociales.

Entonces, ¿En qué tejado está la pelota?

Notas:
(1) SCHEDLER, A (2004) “¿Qué es la rendición de cuentas?” , Instituto Federal de Acceso a Información Pública (IFAI), México.
(2) O’Donnell, G. (1997) “Democracia Delegativa”, en Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismos y democratización. Paidos. Buenos Aires (capitulo 10)

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