Reflexión sobre los Conceptos de Pobreza y Exclusión Social (Por Iskra Pavez)

Desde hace algunas décadas se comienza a reflexionar sobre la pertinencia de seguir utilizando el término “pobreza” para referirnos a todas las desigualdades que se viven entre los grupos sociales. Dichas desigualdades superan el ámbito meramente económico, afectando, de variadas formas, los planos social, cultural y político de las personas.

En este marco, emerge el concepto de “exclusión social” con la capacidad de abarcar la complejidad de desventajas e infortunios, identificar los factores así como los agentes que intervienen en este proceso y la prevalencia de la misma. En la cumbre de Lisboa en 2000, la Unión Europea adopta y recomienda el uso potencial de este término, ya que permite articular respuestas políticas atingentes al actual contexto económico, político y cultural de nuestras sociedades.

Mientras la pobreza ha sido comprendida como la carencia de ciertos bienes y servicios mínimos para una vida digna, conocida como la absoluta, y la relativa alude a la obtención de ingresos económicos familiares menores a la media nacional, la “Exclusión social apunta un proceso que es el resultado de una cadena de acontecimientos reforzados o impulsados por las desigualdades y determinaciones estructurales del sistema económico y social vigente.  Este sistema la genera y alimenta irremediablemente” (Subirats, 2004).

Existen nuevos sujetos de exclusión a raíz del actual contexto global y social, como las personas adultas en situación de dependencia física o quienes han emigrado. La magnitud e intensidad de la exclusión se manifiesta en diversos ámbitos e indicadores de deprivación como el empleo; la capacitación; el acceso a la salud; lugar de residencia; disposición de capital social y ejercer la ciudadanía y la participación.

Mientras en Europa se observan procesos particulares de segregación territorial y nuevos sujetos excluidos con disímiles respuestas estatales, en América Latina se evidencia la exclusión agudizada por la inexistencia histórica de un estado de bienestar sólido, una persistente emergencia de problemáticas sociales, lo que ocasiona una fuerte segregación espacial entre elites económicas y vastas poblaciones empobrecidas, donde se han unido al contexto urbano muchos grupos indígenas. Este continente representa la contradicción del subdesarrollo con la posesión de recursos.

Experimentar ciertas situaciones o poseer características determinadas acrecienta el riesgo de exclusión de los privilegios de la sociedad, como el género construido socialmente en una relación de poder desigual, ha sido sindicado como un indicador básico de la desigualdad a nivel mundial; del mismo modo, la edad ha sido interpretada como signo de inexperiencia, fertilidad o dependencia ocasionando discriminación. Por último, la dependencia física o dificultades psíquicas, así como el origen étnico o la nacionalidad se han situado como nuevas profecías de pesares.

La mutación del concepto de pobreza hacia la exclusión social implica una evolución en la dimensión discursiva de las políticas, es decir impacta la producción simbólica y comprensiva de las ideas, valores y argumentos que sustentan las políticas a nivel cultural. Este traspaso significa también, la consideración y reflexión de nuevos fenómenos relacionados con la exclusión, como la misma pobreza económica, la marginación o la cohesión (Subirats, 2004).

Desde la dimensión operativa, el cambio de término aspira a nuevas fórmulas en la aplicación de los modelos de políticas, centradas en la red de actores y factores involucrados en la exclusión social. Las nuevas formulaciones atenderán una lógica horizontal de relaciones institucionales y sociales, obedeciendo la transversalidad de la participación en todas las fases de su implementación (Subirats, 2004).

La exclusión social es una nueva forma de representar y problematizar las tradicionales cuestiones sociales, las desigualdades, la conflictiva relación entre la esfera política de derechos, deberes y estatus de ciudadanía y una esfera económica que sigue generando, casi irremisiblemente, esa desigualdad, dependencia y sumisión en las condiciones de trabajo y de producción. Pero también pretende ser una nueva forma de enfocar la acción de respuesta, confiriendo perspectivas distintas tanto sustantivas como operativas a las políticas públicas.

(Referencias Bibliográficas: Subirats, J. et al. (2004). Pobreza y exclusión social: Un análisis de la realidad española y europea. Barcelona: Fundación “La Caixa”.)

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