Editorial 10/10/07: Caridad Cristiana

La celebración del decimonoveno aniversario del triunfo del NO y la detención de lo que ha venido a denominarse como el “clan” Pinochet, marcaron el acontecer chileno la semana recién pasada.

Mientras lo primero se ha ido transformando cada vez más en una celebración íntima de la elite Concertacionista, perdiendo la fuerza épica que marcó el triunfo electoral sobre Pinochet en 1988, lo segundo tuvo una fuerte repercusión, copando portadas tanto de los medios informativos nacionales como internacionales.

Los Pinochet y su círculo más cercano, prontuariados y entrando a centros penitenciarios comunes y corrientes, marcan un hito –en Chile y el mundo- en lo que a administración y credibilidad en la institución Justicia se refiere.

Ante la fuerza de los hechos, a diferencia de antaño, la mayor parte de los parlamentarios y dirigentes de la Derecha, muchos de ellos ex funcionarios de la dictadura, guardaron silencio. Más aún, ante el anuncio de la Sra. Lucía Pinochet de querer postular a la Cámara Baja por el distrito Vitacura-Las Condes (el más rico del país), Larraín & Larraín (Presidentes de la UDI y de RN respectivamente) se apresuraron en asegurar que ella no sería su candidata por dicha zona.

En este sentido, la única nota increíblemente disonante, fue planteada por el ex Coronel del Ejército y actual Alcalde de la comuna de Providencia. En referencia a la detención de la viuda del ex dictador señaló: “Hay que entender, es una señora que tiene 80 y algo de años, con cinco hijos detenidos, sin saber qué es lo que está pasando con ellos. Yo creo que hay un problema de caridad y de comprensión cristiana”.

Paradojalmente, sus palabras son similares a las que miles y miles de personas, familiares de prisioneros políticos y detenidos desaparecidos, pronuciaban hace treinta años. En aquel momento también ellas buscaban “justicia, caridad y comprensión cristiana”. Muchas “madres de 80 y algo de años con varios hijos detenidos, sin saber lo que estaba pasando con ellos” no recibieron más que mentiras, silencio y represión como respuesta.

 La inmensa diferencia entre ambos momentos de la historia es más que clara. Hoy, quien actúa es la Justicia de manera independiente y en un Estado de Derecho, y no la fuerza de las armas amparada en el terrorismo de Estado, que fue lo que caracterizó a la dictadura y a su sistemática violación de los derechos humanos.

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