“Pacto social”: ¿del recurso retórico al aterrizaje político? (Por Antoine Maillet)

La encuesta Adimark publicada esta semana la semana pasada reveló una nueva baja en la popularidad de la Presidenta Bachelet, con un 35 % de aprobación a su gobierno. Por lo que atañe a los partidos, la desaprobación de la labor de la Concertación supera la de la oposición (56 contra 52%), pero al mismo tiempo la identificación con la Alianza sigue a la baja (14%). Sin embargo,  vale la pena destacar que las evaluaciones de la Presidenta difieren entre Santiago y regiones, y según criterios de edad, de género o socio-económicos, lo que deja un margen para recuperar el amplio apoyo en la ciudadanía.

Las interpretaciones espontáneas tienden a vincular esta nueva baja con los eventos del  11 de septiembre, que cristalizaron el malestar ocasionado por la delincuencia. Estas cifras podrían significar una acentuación del debilitamiento de la gobernabilidad. Una estrategia que se postula para revertir la tendencia de los últimos meses es la proposición de un nuevo “pacto social” al cual llamó la Presidenta, recogiendo la idea levantada por el cardenal Errazuriz.

Lo que en un principio parecía ser más bien un recurso retórico está tomando forma. Ya no se trata de juntar a todos lo actores sociales en un acto casi fundacional, sino de un objetivo mucho más acotado: avanzar en la agenda legislativa, como lo especificó el Ministro Secretario General de la Presidencia, José Antonio Viera-Gallo. Se busca avanzar en reformas claves de la área social, que están en tramitación en el Parlamento: educación, reforma previsional… Pero es muy sorprendente que el gobierno forje un nuevo concepto, después del “gobierno ciudadano” y de la “red de protección social”, cuando el contenido de la iniciativa es sustancialmente parecido.

Estos temas habían sido planteados en la agenda del 21 de Mayo, y antes, en el énfasis inicial del gobierno. Podría ser interesante reestablecer la cohesión argumentativa entre estas diferentes denominaciones, insistiendo en los avances concretos que se esperan. Además, es la ocasión para probar la voluntad de la derecha, especialmente de Piñera, de avanzar en estas materias. Por el otro lado, se va a replantear el escenario de la “política de los acuerdos”, lo que podría generar molestias en las filas de la Concertación, como había ocurrido en el otoño.

Si este riesgo está controlado, la discusión sobre el “pacto social”, en su actual versión más bien política, parece ser una buena oportunidad para la Concertación. Todos los partidos empezaron ya las reflexiones sobre el próximo gobierno y se habla de revisar los fundamentos de la coalición. En este contexto, puede ser una señal de unidad y la ocasión de un ejercicio de proyección estratégica. Ahora que la expresión está instalada, la tarea pendiente a corto plazo es acotar el contenido de un potencial pacto, incluyendo otros temas que marcan la agenda, como las relaciones laborales o la seguridad pública.

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