Marginalidad y Violencia: ¿Delincuencia o Fenómeno Político? (Por Ximena Jara)

El progresivo aumento de la violencia en las jornadas de protesta al que ha asistido Chile – sucesivos 11 de septiembre y día del joven combatiente, entre otros – alcanzó su peak la noche del 11 de septiembre, con gran cantidad de menores de edad entre los protagonistas, y un saldo que contrasta con la tranquilidad de las manifestaciones diurnas. La situación recuerda lo ocurrido en los banlieues de París en noviembre del 2005: una ola violenta que se extendió a otros suburbios de Francia, con quemas de vehículos, tiroteos y saqueos, y que obligó al Gobierno a decretar el Estado de Emergencia. Y al igual que el noviembre francés, este Once plantea, además, la pregunta por la cohesión social y la legitimidad, en un momento en el que las encuestas indican una baja sostenida en el apoyo a la Concertación y el estancamiento en el respaldo a la Alianza.
Además de poner en primer plano el tema de la seguridad ciudadana y la responsabilidad política que al respecto cabe al Gobierno, uno de los mayores desafíos consiste en saber cómo leer estas manifestaciones. Para las autoridades, una vez más, se trata de “lumpen puro y duro”. Sin embargo, la marginalidad que enmarca estos actos de delincuencia se relaciona estrechamente con las políticas de integración, distribución, educación y empleo, de manera acumulativa; ello implica que no es ilógico entender la violencia y los saqueos, al menos parcialmente, como resultado de una falta de políticas públicas, no solo en torno al control y prevención de delitos, sino de integración, educación, empleo y redistribución.
No parece sostenible pensar que los actos del 11 de septiembre sean un modo de violencia política atribuible a la conmemoración del golpe, con un sentido estratégico. Las reacciones, de condena unánime, tienden a circunscribir el desorden a un fenómeno marginal, espontáneo y de carácter fortuito, que sin embargo parece esconder el sustrato más profundo del fenómeno.
Más allá de las acciones de carácter judicial que sigan a los hechos del 11, resulta importante trazar un perfil detallado de lo sucedido y sus actores, en orden a determinar si efectivamente se trata de hechos aislados que se repiten, o si se está inaugurando una nueva tendencia, sostenida en el rechazo al sistema y la reivindicación de la alegalidad frente a unas normas que no se reconocen como legítimas.
Paralelamente, estos hechos pueden contribuir a la reflexión de los partidos políticos –especialmente de izquierda – respecto de sus exigencias al Gobierno, y respecto de su relación con la ciudadanía, como articuladores de demandas ciudadanas y conductores históricos de la acción política entre grupos postergados.
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October 1st, 2007 at 9:34 am
Efectivamente, la conmemoración del golpe del 11 de septiembre, tiene poco y nada que ver con la violencia que presenciamos recientemente. La mayoría de los jovenes estudiantes que vemos protestar probablemente habían nacido cuando ya estábamos en plena democracia. La espiral de violencia tiene raíces mucho más profundas, lo que se ve es la punta del iceberg. Los primeros síntomas se dieron en el fútbol, barras bravas peleando con armas blancas en el estadio. Se ve en los robos con violencia, asaltos a familias en sus propias casas, con maltratos absurdos e inncesarios a los asaltados. Se ve en la violencia escolar, con fotos y filmaciones que después suben a internet.
La violencia nunca es justificable, pero es entendible cuando es una reacción a la exclusión. Exclusión que se refleja en la no inscripción de miles de jovenes en los registros electorales. Mientras el oficialismo discute la eliminación o modificación del binominalismo, si es o no democrático, si es o no representativo, cientos de miles de ciudadanos no tienen voto ni representación. Mientras se debate largamente si dar o no el lunes 17 feriado, los honorables se autoasignan unas largas vacaciones para el mes de septiembre. Mientras se debate el sueldo mínimo, el sueldo ético y la equidad, los honorables se reparten y se autoasignan los fondos ahorrados por la eliminación de los senadores designados.
La Concertación concentra su agenda en los grupos de presión, los grandes sindicatos, los empresarios, los partidos políticos. Mientras tanto, los desempleados, los estudiantes, los jubilados, los indigentes, no se sientes considerados en lo absoluto.
La señal es clara, sólo los que pertenecen a grupos organizados acceden a los privilegios. El resto, a esperar… Ante esa señal, la única respuesta posible es la violencia, para hacerse escuchar… total no tienen nada que perder… y si mucho que ganar, especialmente para la izquierda extra-parlamentaria, para ganar en la calle lo que no consigue en las urnas.