Estrategias de Participación Política de las Mujeres (Por Evelyn Magdaleno)
En el mundo, el derecho de las mujeres a participar en la toma de decisiones fue una de las primeras reivindicaciones a titulo individual y, de forma articulada, del movimiento feminista. Ya en 1791, Olympe de Gouges reconocía y declaraba que “la mujer tiene el derecho de subir al cadalso; debe tener también igualmente el (derecho) de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley” (1). Esta declaración demuestra como ya desde hace mucho tiempo, la reivindicación de más espacios y participación política de la mujer es una preocupación de intelectuales y políticos a lo largo de la historia.
Dos siglos más tarde, el derecho de las mujeres a la participación en los procesos e instancias de toma de decisiones sociales, políticas y económicas a todos los niveles y en los distintos sectores, aparece consagrado explícitamente en diversas indicaciones internacionales. Entre ellas están: la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948); la Convención sobre los Derechos Políticos de las Mujeres (1952); el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos (1966); y la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres (1979); ente otros.
En 1955, la Plataforma reacción (PDA) de la IV Conferencia Mundial de las Mujeres de Beijing (2) identificó la participación plena de las mujeres en el ejercicio del poder como una de sus esferas de especial preocupación. Reconociéndola, al igual que la incorporación de sus puntos de vista, a todos los niveles de la toma de decisiones, como condición sinecuanon para la consecución de los objetivos de igualdad, desarrollo y paz. Desde entonces distintas resoluciones, campañas y pronunciamientos han venido a reforzar y a completar la PDA de Beijing en este punto, convirtiendo la participación de las mujeres en el poder y la toma de decisiones en un asunto prioritario en la agenda del desarrollo mundial.
En este sentido, la Declaración del Milenio (3) (Septiembre 2000) reafirma la centralidad de la participación de las mujeres en el desarrollo y declara, por primera vez, la urgencia de promover la igualdad de género y el logro del empoderamiento de las mujeres como las formas más efectivas para combatir la pobreza, el hambre y las enfermedades, y estimular el desarrollo verdaderamente sostenible.
Una primera estrategia que surge en el ámbito de la igualdad de oportunidades, es la acción positiva, la cual genera un mecanismo de corrección sobre las desventajas iniciales de las mujeres de forma automática. Esto implica, garantizar un margen mínimo de participación de ambos sexos, es decir frente a situaciones de competencia o selección es relevante el cumplimiento de estos estándares garantizados. Los casos más usuales en donde se da la acción positiva son en los partidos políticos, por medio de leyes de cuotas, en donde se equilibra numéricamente la proporción de cada uno de los sexos que participan en ciertas actividades o elecciones.
La acción positiva implica un desarrollo superior al de la estrategia de la igualdad de oportunidades, en relación a la intervención formalmente establecida, para combatir la discriminación de las mujeres. Ambas estrategias apoyan y favorecen a las mujeres y por tanto, a mejorar los niveles de igualdad en el acceso y desarrollo de las mismas. Esto significa que no transforman a las mujeres en su identidad, sino que comportan un énfasis en la transformación de la dimensión de género de las actividades masculinas. En la medida en que se equilibra la presencia de mujeres en roles considerados masculinos, éstos se nutren y mejoran con la incorporación de valores distintos y formas diversas, que en sociedades complejas y vertiginosas como la nuestra pasa a tener una valor agregado.
Sin embargo, a pesar del reconocimiento formal de derecho de las mujeres a participar en pie de igualdad con los hombres en el poder y la toma de decisiones, éstas continúan estando desigualmente representadas a todos los niveles y en todos los sectores. Las estadísticas evidencian esta subrepresentación; y numerosos estudios intentan explicarla apuntando a que las dinámicas, los tiempos, los procedimientos y la cultura “masculina” imperante, no favorecen a las mujeres sobre todo por sus responsabilidades domésticas, nada o poco compartidas.
Notas:
(1) Artículo X de la Declaración de los Derecho de la Mujer y la Ciudadana (1791) de Olympe de Gounges
(2) Informe de la la Cuarta Conferencia Mundial sobre las Mujeres.
(3) Declaración del Milenio; www.un.org/spanish/millenniumgoals/ares552.html
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August 30th, 2007 at 12:34 pm
Hola Evelyn
Mas de acuerdo no puedo estar sobre el porqué de la subrepresentación de las mujeres.
El cuidado de los niños, es un tema no menor y mientras ello no se resuelva(con mas guarderias o que se yo), muchas mujeres no se abrirán paso en este mundo de hombres y muchas otras dejaran el camino que han iniciado en la política para dedicarse a sus hijos. Se dirá que hay mujeres que lo saben compatibilizar, pero seamos realistas, son aquellas de disponen de los recursos para tener en casa alguien que les pueda ayudar en el rol de hogar.
Respecto a la ley de cuotas, en lo personal, creo que es discriminatoria porque solo ayuda a las mujeres que pueden dedicarse a la politica y necesitan de un cupo que les asegure para ser candidata.
September 4th, 2007 at 1:39 pm
Estimadas:
Creo que el tema de fondo no pasa por las guarderias ni sólo por el cuidado de los hijos o por la participacion de las mujeres en politica.
A mi modesto parecer, el tema fundamental radica en una simple y sencilla, pero a la vez complicada palabra: Igualdad.
Mientras la mayoria se preocupa de cómo fomentar que las mujeres tengan mas espacios sin “molestar” a los hombres o maridos, el punto esencial que yo postulo es el equilibrio: cómo somos capaces de que los hombres tambien asuman tareas del hogar (desde las tareas hasta el pañal) sin que se sientan menoscabados o crean que esa es sólo pega de las mujeres.
Al conseguir eso se obtendrá mejor relación padre-hijo y además, una mayor independencia, formación, libertad e igualdad de la mujer con su familia. El resultado final vendría a ser la mejora familiar.
Cuando la mayoria de los chilenos lo vea así y no sólo que “Papá Estado debe darle más a las mujeres” podremos avanzar de mejor forma.
En resumen, una cuestion de ideologia y mentalidad.
saludos,
JAVIER
September 6th, 2007 at 11:07 am
Javier
Estoy de acuerdo contigo sobre compartir las labores domesticas, sin embargo, creo eso no es posible es los horarios de trabajo, en los horarios de campaña, donde ahí creo que quien lo hace mas libremente o tranquilamente es el hombre porque descansa en la mujer que cuida de los niños(aquellas familias que no poseen recursos para jardines infantiles o niñeras). También recordarte que son muchas familias monoparentales(aunque debiera ser monomarentales), en los cuales es imposible lograr ese equilibrio.
Cuántas mujeres solas con niños pequeños han hecho una campaña política a nivel local???? Cuántas mujeres que estando en pareja, con hijos pequeños pero que no tienen una o dos niñeras se dedican a la política???
Por eso creo que para estos casos “papá Estado” si debe proveer condiciones para que haya igualdad.
En fin, es un tema con muchos puntos de vista..
Saludos
Waleska