El Derecho a Opinar y el Deber de Informarse. Notas sobre Género e infancia (Por Iskra Pavez)
Existen ciertos temas en que todo el mundo se siente con la capacidad de emitir una opinión, contar su experiencia, interpretarla e incluso generalizar con un juicio valorativo. Sin embargo, también existen ciertos temas en que nos sentimos incapaces de hablar si no conocemos realmente lo que está pasando. Quizás nos ha pasado en una conversación sobre astronomía o economía que no nos atrevemos a dar una opinión certera, si tenemos a una persona “experta” al frente nuestro.
Cuando se trata de hablar, por ejemplo, respecto a una situación de discriminación contra las mujeres o sobre el trabajo infantil todo el mundo siente, verdaderamente, que tiene algo que decir. Ello se debe, entre otras cosas, porque creemos que nuestra comprensión y cercanía con los hechos nos permiten hablar libremente; ciertamente todas y todos tenemos el derecho de opinar sobre lo que nos interesa. No obstante, también existe la responsabilidad ética (como tanto se vocifera) de informarnos sobre lo que estamos expresando. Si vamos a realizar un juicio de valor no bastan nuestra historia ni prejuicios, debemos ser responsables y hacer uso del conocimiento acumulado en la materia. Esto sería adecuado considerarlo, tanto para nuestras sobremesas, como a la hora de tomar decisiones. En la sociedad de la información no podemos ignorar que existen vastos campos de estudio sobre la infancia, las mujeres y los hombres, sus relaciones y problemas.
Específicamente, los estudios de género representan una disciplina académica que lleva algún tiempo (1) analizando las relaciones de poder entre mujeres y hombres como base estructurante de nuestras sociedades. En la actualidad se han diversificado ampliamente las investigaciones e intervenciones en el ámbito de las relaciones de género, hoy podemos informarnos sobre la discriminación laboral, la responsabilidad masculina en el trabajo reproductivo, la representación en cargos públicos y ejecutivos, así como cuestiones referidas a la salud o el femicidio. Cada día encontramos más especialistas de género que bien podrían decirnos, al igual que un economista: “…no sabes de lo que hablas”.
Respecto a la infancia ocurre una situación similar y quizás aún más preocupante. Como todo el mundo ha vivido la niñez siente que puede generalizar, a partir de su experiencia particular sobre un fenómeno social, político y cultural. Por su parte, quienes han ejercido la maternidad o paternidad se sienten con mayor legitimidad aún, para hablar tajantemente. Sin embargo, desde hace décadas la psicología, la educación o la sociología (2) investigan diversas cuestiones sobre las niñas, niños y adolescentes, sus relaciones, su sexualidad o las formas de entretención en cada cultura, con lo cual disponemos de especialistas e información específica respecto al tema, que muchas veces podrían decirnos: “¿tú sabes de lo que hablas?”
Esperemos que, tal como ocurre con cuestiones de economía o astronomía, cuando hablemos sobre situaciones de discriminación de género o violencia adolescente tratemos de informarnos para dar una opinión consistente y adecuada. Porque, tal vez no sea tan grave confundir el nombre de un planeta, pero, sí resulta alarmante ignorar las cifras de femicidio en Chile, (3) como ocurrió hace unos días con el sociólogo Fernando Villegas en el programa televisivo “Tolerancia Cero”. (Para profundizar en sus dichos hacer click aquí).
(1) En 1792 Mary Wolstonecraft publica el libro “Vindicación de los derechos de la mujer”.
(2) En 1762 Jean Jacques Rousseau publica el libro “Emilio”, considerado un texto fundacional de la educación infantil.
(3) Según cifras de Carabineros de Chile, durante el año 2006 se registraron 51 casos de femicidio. Desde las organizaciones feministas se estima que las cifras no oficiales podrían alcanzar un promedio de 70 muertes al año.
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August 23rd, 2007 at 7:08 pm
Querida Amiga: estoy muy de acuerdo contigo respecto a esa facilidad que tenemos para hablar sobre los temas relacionados con infancia o género, vanalizándolos y por supuesto perpetuando los códigos culturales vigentes. Es una tarea cotidiana y rigurosa la de mirarse constantemente y responsabilizarse por cada opinión. Sin embargo que hacemos con las opiniones de las “dueñas de casa” o de los “niños y niñas” que probablemente carezcan de contenido teórico. En que contextos hacemos la diferencia? en el Académico? O la propuesta es incluir a todos y todas en reflexiones más contundentes a nivel técnico-teórico?
August 31st, 2007 at 2:59 am
Es dificil el tema de la opinión e información. ¿Quien tiene derecho a hacerlo?, ¿quienes manejan la información?, ¿como esta afecta a las personas de carne y huesos?…. Creo que lo importante no es dejar que las cosas se digan livianamente, sin que nadie cuestione o critique. Si nosotros opinamos que están equivocados, es nuestro deber expresarlo. Sabemos que nuestra tribuna es restringida, imaginemos entonces las de quienes son víctimas de situaciones como el maltrato, la negligencia, los “excluidos”.