¿Tranquilidad antes de la Tempestad? (Por Antoine Maillet)
Después de varias semanas agitadas, el gobierno parece haber encontrado un nuevo equilibrio. El llamado al orden de la Presidenta Bachelet ha tenido efectos en los ministros, quienes han cuidado sus palabras y se han resguardado de exponer sus rencillas. Al contrario, han sido enfáticos en actuar coordinados y demostrar apoyo el uno al otro, por ejemplo en torno a Belisario Velasco cuando fue interpelado en el Parlamento.
En la discusión sobre el salario ético, un tema que genera unidad en la Concertación, el gabinete ha dejado atrás la indecisión inicial para abrirse a recoger los planteamientos del mundo político, a través de una comisión. Sin embargo, es difícil saber si el relativo consenso en el progresismo en relación a los asuntos laborales puede repetirse en otras materias más controversiales. En las próximas semanas, la discusión presupuestaria va a ser la prueba de fuego para el gobierno, donde se va a poder evaluar si realmente tiene la capacidad de dar un nuevo impulso a la realización de su programa.
La discusión del presupuesto podría ser la ocasión de un nuevo episodio en las pugnas internas de la Concertación. Los disensos que se han evidenciado en los últimos meses empezaron a aflorar, en un escenario donde la carrera presidencial se hace cada vez menos discreta, tanto a nivel de las ambiciones personales que de la futura contienda entre los partidos. En este contexto, queda por ver si el ordenamiento del gobierno puede influir sobre el comportamiento de la coalición, o si más bien las “buenas resoluciones” de los ministros se acompañarán de un nuevo trato hacia los parlamentarios.
La nueva secuencia que se abre está marcada por un estilo más “gerencial” en la conducción política del gobierno, con una cierta inclinación al mero cumplimiento de las metas. Esta postura genera aprensiones sobre la fuerza del discurso político y gubernamental y sus posibilidades de mantener la cohesión interna entre las diferentes sensibilidades de la Concertación. ¿Será capaz de incluir el tratamiento de los reclamos puntuales dentro de un proyecto de mayor alcance? En el mismo sentido, cabe una duda sobre el destino de las reformas emblemáticas en la educación y la previsión. ¿La voluntad de concretarlos en el plazo impartido se hará a costa de los avances esperados? Depende en gran parte del grado de movilización social que acompañara la discusión.
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