Murió el Loco (Por Nicolás Pantoja)
El Miércoles 4 de julio murió el personaje que encarnó lo más demencial de la dictadura. Postrado en la cama ocho del Hospital Penitenciario, el “Guatón” Romo partió definitivamente al infierno.
Sepultado completamente solo, sin familiares, amigos ni ex-jefes. Sólo un cura que dicen ni un “Padre Nuestro” le dedicó.
Romo llevaba 17 años preso, condenado por el secuestro de 7 miristas y procesado en más de 90 causas.
Algunas de sus víctimas, las que sobrevivieron, hablan de sus “manos regordetas de uñas sucias y carcomidas, de su rostro redondo y grasiento, de su hedor mezclado con colonia Flaño, de su jadear al caminar y de su lenguaje procaz”.(Guzmán, Nancy: “Romo. Confesiones de un Torturador”. Editorial Planeta. Santiago, Chile. Noviembre 2000. Pág. 23)
Hace unos días, el diario La Nación publicó el extracto de una carta enviada desde Brasil por su hija en la que explica, en parte, la ausencia de familiares en sus funerales. “Yo lo amo. Usted es mi padre. Pero siento vergüenza de que haya sido un torturador. Yo pensaba que usted sería igual que el Che Guevara, pero me llegaron noticias tristes. Que usted mató, que usted torturó. ¿Por qué tantas mentiras? Yo siento vergüenza de usted”
Pero sin duda hay otros que no se avergüenzan de él. Al contrario, deben considerarlo como un mal necesario. El Guatón Romo fue el personaje perfecto para expiar culpas de cientos de torturadores que son tanto o más sinistros que el otrora dirigente poblacional de izquierda. Lo calificaron de loco, psicópata, degenerado, etc. Nada más conveniente para quienes, hasta hoy, sostienen la tesis de los “excesos”. Sólo alguien como él podría cometer actos tan atroces.
La existencia de Romo permite que generales como Iturriaga “pasen a la clandestinidad” y no se consideren prófugos. Permite que Pinochet tenga un funeral con miles de asistentes o que algunos políticos sean capaces de dormir tranquilos olvidándose de su pasado.
No debemos olvidar a Osvaldo Romo, como él hubo cientos. “Lo que hice, lo volvería a hacer” dijo alguna vez. Para asesinar y torturar a tantos miles, se necesitan cientos de “guatones romo” que hoy caminan por la calle tranquilos porque ya murió el “Loco”.
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