Educación y Deporte (Por Luis García)

 Después de varios años como dirigente de padres y apoderados y ahora como dirigente de un club deportivo “escolar” no puedo menos que reflexionar acerca de la relación que existe entre educación y deporte.

Desde tiempos inmemoriales se ha dicho que la práctica del deporte hace cuerpos sanos y, como consecuencia, mentes sanas.  Entendemos por esto que la práctica del deporte hace, o al menos contribuye, a formar buenas personas, con valores y principios aceptados por su entorno natural y/o cultural.

Pero es válido preguntarse si ello es necesariamente así.  Sobre todo cuando, ya sea en el barrio o en el más alto nivel competitivo como son las olimpíadas o los mundiales de cualquier deporte, uno puede apreciar múltiples ejemplos de deportistas que se destacan por su agresividad, por su mala educación, por hacer trampas, por recurrir al doping, etc.  También podemos presumir que muchas de las “malas personas” que conocemos han practicado deportes desde pequeños sin que hayan internalizado los valores que el deporte entrega.

Mi experiencia personal me indica que en nuestros establecimientos educacionales la práctica de deportes es sólo una forma de ocupar el tiempo libre de los niños y niñas, pero no es considerada un complemento necesario de su formación personal.  La mejor muestra de ello es que frente a una baja en el rendimiento escolar o frente a situaciones de mala conducta, una de las primeras cosas que se viene a la mente de los educadores y de las familias es castigar al menor quitándole la posibilidad de practicar su deporte favorito.  De esta forma, el deporte se transforma de “complemento” a “alternativo”.

Desde la óptica de las políticas públicas poco y nada se hace.  Educación y deporte corren por carriles separados.  No es posible percibir que desde el Ministerio de Educación surjan políticas u orientaciones dirigidas a integrar la práctica de deportes al proceso educativo.  Desde ChileDeportes sólo se aprecia la organización de los Juegos Deportivos Bicentenario (ex Juegos Nacionales Escolares) y una teórica prioridad para los clubes deportivos escolares en la asignación de los recursos de Fondeporte.

El resultado de esta falta de políticas públicas es el sedentarismo en que caen la mayoría de los jóvenes cuando ingresan a la educación superior o al mundo laboral.  En el mejor de los casos, se transforman en deportistas de “fin de semana” de unos pocos deportes.  Una consecuencia adicional es, salvo honrosas excepciones, el bajo nivel competitivo que presentan nuestros deportistas “de elite” cuando se enfrentan a competidores de otros países en competencias internacionales.

Urge entonces, promover un debate que promueva la integración del mundo de la educación con el mundo del deporte.

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